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Obtenciones vegetales
domingo, 15 de abril de 2007

Abril 09, 2007 .Por José Calvo. El TLC es una construcción de esas que se quieren comenzar por el techo y acabar por el piso, y es por eso que se propone diálogo para hablar de aquello que no se puede cambiar: un procedimiento arrevesado que tampoco es raro en el nuevo orden mundial del libre comercio, trasminado de contradicciones como esta del monopolio del conocimiento propio y ajeno a través de las patentes; más del ajeno.

 

La ley de obtenciones vegetales es algo a que nos comprometimos en la OMC, y el artículo 27.3 b de los ADPICS (asuntos de propiedad intelectual ligados al comercio) era dar a las variedades de plantas mejoradas algún tipo de protección sui generis (según la naturaleza de las plantas), que fuera eficaz. Solo que el texto de la ley que el COMEX, siempre tan dado a la genuflexión ante el imperio, envío a la Asamblea ya no decía eficaz sino equivalente a la protección que dan las patentes industriales; lo que tampoco podía ser sui generis: el típico recurso legal de retorcer las definiciones. La sociedad civil lo rechazó de inmediato por absurdo y abusivo, y se hicieron varios proyectos sustitutivos, pero de la trinchera neoliberal rebota siempre el mismo proyecto original incólume: el de las corporaciones con sus high caliber lawyers. Es un diktat imperialista evidente, con el perfil bajo que recomienda doña Amparo Pacheco para la PI (agachado) y con el colaboracionismo malinche de algunos agentes locales: como científicos con sus grants y sus junkets, abogados de patentes como el esposo de Doña Mayi, y “mejoradores” locales que esperaban encaramarse en el vagón del precio de monopolio; sólo que estos se han ido convenciendo de que la cosa no era para ellos: es para las corporaciones, que le injertan un gen ajeno a la variedad de dominio público ya mejorada por incontables generaciones de agricultores, el cual gen se puede identificar fácilmente sin necesidad de todas esas definiciones tautológicas que el proyecto tiene como camuflaje: “una variedad es estable cuando es estable; es nueva cuando es nueva; y no es esencialmente derivada cuando no es esencialmente derivada”. Digamos de paso que todos los seres vivos somos “esencialmente derivados”, eso es la evolución, y que como la derivación es inevitable eso confiere a la transgénesis un peligro especial que no presentan otras mejoras. La presencia del gen injertado se puede en cambio probar fácilmente para demostrar “piratería”, y para adueñarse de la variedad tradicional que otros mejoraron, y hasta de la especie, pues la competencia del mercado no permitirá a ningún productor usar otra que la mejorada. El peligro ambiental les importa un pito a las corporaciones y sus gobiernos adjuntos.

Aunque hacer la ley sui generis era una prerrogativa de la Asamblea Legislativa Nacional y de la población civil, el profesor incaeco comprometió a Costa Rica a aceptar el convenio de la UPOV (organización internacional de Obtenciones Vegetales) mediante la cual se podía obtener la protección de las obtenciones que Mr. Zoellick quería; de repente hasta les puñeteó la mesa.

Y como este compromiso del profesor incaeco no es viable y es parte inseparable del TLC, tenemos que correr a aprobar una Ley de Obtenciones Vegetales no sui generis, ni con una protección eficaz, sino con una equivalente a la que dan las patentes industriales, que no confieren a la vida ningún carácter sui generis sino uno equivalente a las máquinas y las sustancias sintéticas, sin respeto a ningún conocimiento tradicional, pues la angurria corporativa ha definido ahora como alienable hasta el dominio público, y corremos el peligro de imitarlos, patentándolo todo antes. De hecho, el patentamiento de los microorganismos como equivalente a los inventos industriales, está metidito en nuestra ley de patentes industriales, para vergüenza nuestra: “no somos nada”.

Como usted comprenderá esta ley es parte de la agenda complementaria que hay que servirle a los gringos en carrera antes de que nos hagan el favor de aceptarnos como “socios” comerciales, y la naturaleza de la concesión, como todo en el “tratado”, estaba definida y hecha de antemano, razón por la cual todas esas comparecencias ante la Comisión Agropecuaria encargada de hacerles la ley en carrerita son total y absolutamente fútiles, pues los diputados obedientes del PLUSCLIBGUYON en el congreso de hule del país democrático, recibieron “del hombre” la orden humillante de lo que deben hacer en carrerita.

Yo acompañé a don Guido Vargas de UPANACIONAL a la comisión legislativa, a pedido expreso suyo, y advirtiéndole de antemano la futilidad del ejercicio: más se hubiera podido sacar en el cuarto adjunto, donde el gobierno pidió que fuera cada cual a tratar de salvar su pellejo, donde un dirigente campesino mimético, “representó” a los agricultores campesinos ticos probablemente con los gastos pagados por el COMEX, o por el CRUSA, y donde le dio al COMEX el aval que necesitaba para su TLC, a cambio de una protección pírrica para la papa y la cebolla, más unos cuantos milloncejos de colones de regalo para su corporación; millones que todavía anda tratando de cobrar, porque el gobierno tico no es tan buena paga como el de Poncio Pilatos. Eso lo dijimos.

En la comisión nos trataron con cortesía, pero un diputado del PLN nos preguntó por qué don Geovanny Masís estaba en cambio de acuerdo con la terca Ley de Obtenciones, y con cualquier precio para la semilla, “siendo un dirigente que representa a 12.000 agricultores campesinos, y con una exposición tan bien razonada como la nuestra”, a lo que don Guido, cortés y prudente, contestó que no lo podía entender de ningún modo. Yo sí lo entiendo, como usted ya vio, pero expongamos de nuevo los argumentos que dimos, a ver si son rebatibles para alguien que no tuviera ya la decisión a priori:

Simpatizantes y opositores del TLC tienen derecho a ser oídos y tomados en cuenta. La comisión tiene una responsabilidad con la razón y con la democracia; y más con la razón para no confundir una buena exposición con una mala. Ningún dirigente debe reclamar la representación de 12.000 asociados cuando apenas tiene 600. Cualquiera se debe eximir de opinar cuando ha recibido una donación del gobierno por su apoyo al TLC. Más cuando eso se hizo en perjuicio de los demás agricultores. Las semillas han tenido aquí protección adecuada por su marca y la que están pidiendo las corporaciones es excesiva. Ningún país pobre podrá pagar los precios de monopolio a que conducirán esas protecciones excesivas. Ningún país podrá salir del subdesarrollo si los países ricos monopolizan así el conocimiento. Eso no es libertad de comercio. Nadie tiene derecho a apropiarse del conocimiento tradicional del dominio público por una pequeña mejora al material existente. Permitir eso por ley dará lugar a que las transnacionales ejerzan su enorme poder corruptor. Las corporaciones no han respondido a las preocupaciones ambientales por el manoseo genético que hacen. Si nuestro compromiso era dar alguna protección sui generis eficaz, no hay razón de dar para los seres vivos una equivalente a la de las patentes industriales.

Lo que yo no puedo entender es ¿por qué no se denuncian las conductas colaboracionistas en Costa Rica? ¿Por qué se toleran con grave daño para la sociedad civil y para el gremio? ¿Será por el miedo a la ley mordaza? Pero hay mucho que denunciar. Y reconozcamos de una vez que en el cuarto adjunto hubo representantes de los grandes agricultores que le dieron su aval al TLC, gente que va a nuestros conciliábulos a enterarse de lo que hacemos, pero no participan en las demostraciones contra el tratado porque andan ahora detrás de algún beneficio estatal de la agenda de desarrollo, de alguna recompensa por su traición. Igual pienso que quienes han dividido nuestro movimiento sindical solo para seguir siendo cabeza de ratón como secretarios vitalicios de lo que se llevaron, tendrán que demostrar si tienen poder de convocatoria, o solo representan fantasmas que estorban el progreso.

Yo por eso insisto en que una vez activada nuestra sociedad civil por la reacción ante el top-downismo grosero de la apertura comercial y su TLC, el nuevo modelo de desarrollo tendrá que poner las cartas sobre la mesa, sin tolerar la conducta del noyau y el malinchismo. No vamos a poder seguir siendo cómplices de la traición.

 
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