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Improvisación energética
martes, 01 de julio de 2008
La extra Pagina Abierta Dialéctica Juan Manuel Villasuso Vivimos con gran intensidad la tercera crisis del petróleo. En enero de 2004 el precio spot de la canasta de petróleo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se cotizaba aproximadamente en $30 dólares el barril. Esa cotización aumentó a $40 dólares en enero de 2005, y se elevó a $60 dólares doce meses mas tarde. Era evidente que el mercado de hidrocarburos estaba en alza y que no era un fenómeno coyuntural.

La Agencia Internacional de Energía señaló en el 2004 que “los aumentos en los precios del petróleo se deben a una combinación de la fuerte demanda (de países como China y la India), los problemas de seguridad en los productores del Medio Oriente y las dificultades para aumentar la oferta”. Eran factores que no cambiarían en el corto plazo.

 
En su informe del 2006 el mismo organismo internacional fue mucho mas contundente al expresar: “la amenaza a la seguridad energética mundial es real y creciente” y “se acentuará la vulnerabilidad de los países importadores ante el shock de los precios”.

 

La evidencia era clara. Los datos lo mostraban y los análisis lo confirmaban. En mayo del 2006, cuando asumió la actual administración, el precio del petróleo alcanzaba los $65 dólares, y no había duda de que se presentaría una situación difícil por el incremento de la factura de combustibles.

 
Ante esa realidad, era de esperar que el gobierno asumiera una actitud responsable para enfrentar el peligro. Las instituciones del sector, en particular el Ministerio de Ambiente y Energía y el Ministerio de Planificación, eran los llamados a fijar el rumbo, a definir una estrategia de país que permitiera encarar el problema de la mejor manera y con el menor costo económico y social posible.

 
Sin embargo, eso no sucedió. En el Plan Nacional de Desarrollo presentado en enero de 2007 solo hay unas breves y muy generales alusiones al tema energético al señalar, que la política energética debe: “reducir la dependencia de combustibles importados, aprovechar mejor las fuentes de energía renovable del país, y llegar a producir el 100% de la electricidad a partir de fuentes de energía renovables”.

 
Luego añade, en las metas sectoriales, que se debe “restablecer los niveles de confiabilidad, calidad y seguridad en el suministro de energía, reduciendo el uso de hidrocarburos en la producción de energía eléctrica”, y hace una escueta mención a “potenciar el desarrollo de la industria nacional de biocombustibles”.

 
Eso es todo por parte del Ministerio de Planificación. Y en cuanto al MINAE, la página de Internet de la Secretaría de Planificación Subsectorial de Energía de Costa Rica nos refiere a un Plan Nacional de Energía publicado en el 2003, que no se sabe si es para el período 2002-2006 o se extiende hasta el 2016, porque una cosa dice en la portada y otra al abrir el documento. Además, tiene mas de diagnóstico que de visión estratégica y está totalmente desactualizado.

 
http://www.dse.go.cr/es/03Publicaciones/01PoliticaEnerg/menu.htm#Public1.

 
Así las cosas, el planteamiento hecho en los últimos días que propone eliminar impuestos al diesel y cargarlos a la gasolina y aumentar el gravamen de ruedo a algunos vehículos, presentado como la fórmula gubernamental para encarar la crisis energética, resulta deplorable, y evidencia una enorme improvisación en un tema muy serio y complejo, que afecta profundamente la economía nacional y familiar de los costarricenses, y que exige un enfoque integral y no ocurrencias fiscalistas de última hora.

 
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