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Pobre Osa, siempre en peligro de extinción
jueves, 28 de febrero de 2008
Hoy, en el 2008 se cierne sobre la región de Osa la última amenaza. Los bienes raíces y el desastre inmobiliario sin ninguna planificación que sufre toda la costa pacífica tocó las puertas de la zona. Ahora los bosques ya no caen por los planes de manejo forestal, sino que caen por los construcciones y proyectos turísticos que con o sin permiso avanzan y desangran los cerros y los humedales

Por el ing Quírico Jiménez M. Conocí esta maravillosa región al inicio de los años 80 siendo estudiante de Ingeniería Forestal en la Universidad Nacional. La primera vez que transité el viejo camino de tierra rumbo a Rincón fue como entrar al paraíso. Así lo había soñado de chiquillo y por fin lo había encontrado, estaba teñido con una silueta de color verde esmeralda con un bosque siempreverde interminable. Los árboles gigantes eran impresionantes, alcanzaban hasta 60 metros de altura. La región estaba además teñida de de un azul impresionante en las aguas del Golfo Dulce, más adelante me enteraría que era uno de los principales fiordos del mundo de gran importancia para los cetáceos y otras especies marinas.

Visité muchas veces esta zona a estudiar la vegetación y hasta me aventuré a incluir varios de sus árboles en un libro sobre los Árboles en Peligro de Extinción de Costa Rica, algunos poco conocidos como el Parkia pendula un legado amazónico que solo se conoce en este lugar, así como el Copaifera camibar, legado de la naturaleza que nos premió al resultar ser una especie endémica nueva para la ciencia. Años más tarde con otros colegas escribimos el libro Árboles de la Península de Osa, pues la región alberga más de 700 especies de árboles (35% del total del país). Quizá los suelos tan pobres cargados de hierro y aluminio le impregnaron el toque mágico para tanta diversidad (alrededor del 30% del total de las plantas de Costa Rica).

La región de Osa siempre ha estado amenazada. En el año 1957 la compañía maderera norteamericana Osa Productos Forestales compró 52.000 hectáreas en la Península, incluyendo la mitad de lo que es hoy el Parque Nacional Corcovado y se dedicó a explotar el rico bosque en los alrededores de Rincón, para lo cual invirtió millones de dólares en maquinaria e infraestructura. También incursionó en el cultivo del arroz pero como lo terrenos eran tan quebrados no se pudo extender el cultivo. Se promovió la ganadería, la cual se vio favorecida con la introducción de la motosierra a inicios de los años 60 y esto aumentó la deforestación. Luego de 1973 se produjo una gran colonización que incentivó un conflicto de tierras entre la Osa Productos Forestales y los campesinos, a tal punto que necesitó la intervención del gobierno en 1979.

En el año 1975 se estableció el Parque Nacional Corcovado y se aumentó a su tamaño actual en el año 1980 incluso con tierras invadidas por precaristas. En 1978 se establece la Reserva Forestal de Golfo Dulce con parte de las tierras de la Osa Productos Forestales y del Instituto de Tierras y Colonización (ITCO). Lamentablemente la tenencia de la tierra ha sido incierta por años en esta reserva, sin embargo soy del criterio que las limitaciones que tiene la categoría de Reserva Forestal ayudaron a que no se deforestara la zona.

El Golfo Dulce también estuvo amenazado en los años 80 cuando una empresa trasnacional quería construir un astillero para exportar la madera de melina que se producía en cantones cercanos, por dicha la lucha fue ganada por los ambientalistas. En esta década además el oro deslumbró a muchas personas quienes hasta invadieron el Parque Nacional Corcovado y día a día quitar pedacitos del bosque para obtener su preciado metal. Aunque también hubo empresas extranjeras que con maquinaria le provocaron un daño terrible al recurso forestal.

A finales de los años 90, la Reserva Forestal de Golfo Dulce se desangraba a cantaros producto de la ejecución de los siempre cuestionados y hoy satanizados planes de manejo forestal, un grupo de especialistas nos juntamos para probarle al gobierno el tremendo desastre que esta actividad le causaba al bosque, a sus fuentes de agua, al Golfo Dulce y a su biodiversidad. Camión tras camión la madera serpenteaba en los caminos arcillosos sobre pendientes fuertes erosionando la madre tierra y saqueando las más finas maderas como nazareno y cristóbal. No en vano, el video de la Universidad Estatal a Distancia "Osa la última frontera" terminó de desnudar esta actividad maderera desde todo punto de vista nefasta e inaceptable para los ricos bosques de Osa.

La cacería igualmente ha puesto en jaque a varias especies de la zona y hasta dentro del mismo Parque Nacional Corcovado. El jaguar está en peligro pues su alimento preferido, el conocido chancho de monte ha sido casi exterminado, reduciendo las posibilidades para que el felino que encabeza la cadena alimenticia continúe en la zona. Se han contratado nuevos funcionarios para proteger el parque pero parece que la tarea es titánica.

Ahora con el nuevo siglo se piensa en granjas atuneras como una actividad novedosa pero no conveniente para el paraíso que constituye el Golfo Dulce y su prodigiosa biodiversidad marina. Hasta se piensa en las terribles marinas, que para algunos genera mano de obra, pero que lo que realmente produce es contaminación y un espacio para ricachones, que con sus veleros vienen a disfrutar de nuestro país y nuestras costas convertidas hoy en paraíso de pobreza, a pesar de su gran riqueza. ¡Paradoja y contradicción al mismo tiempo!.

Hoy, en el 2008 se cierne sobre la región la última amenaza. Los bienes raíces y el desastre inmobiliario sin ninguna planificación que sufre toda la costa pacífica tocó las puertas de la zona. Ahora los bosques ya no caen por los planes de manejo forestal, sino que caen por los construcciones y proyectos turísticos que con o sin permiso avanzan y desangran los cerros y los humedales.

En la zona ya se levantan palacios para los extranjeros que con billetes verdes compran nuestras tierras a los ilusos costarricenses que las venden cegados ya no por el color verde del bosque sino por el color verde del papel. Muchos hasta piensan que el cuestionable aeropuerto que eventualmente se construirá en la zona traerá desarrollo y eliminará la pobreza, a sabiendas de que provocará daños irreparables a la laguna de Sierpe y al manglar Térraba-Sierpe quizá el más importante de Centroamérica. Este supuesto "desarrollo" es basura para una zona que al igual que en mi querido Guanacaste el dinero engrosará los bolsillos de unos pocos pero no de la colectividad. Mientras esto sucede muchos costarricenses compramos y lucimos tatuajes para salvar la Península de Osa. Qué contradicción?.

Cuánto tiempo más deberá esperar nuestro trocito amazónico para que los gobernantes de turno pongan sus ojos en una zona que desde todo punto de vista tiene que seguir como ha estado hasta nuestros días, prístina, verde, salvaje, libre de construcciones y palacios, libre de las manos de los políticos que juegan con la biodiversidad de Costa Rica para favorecer la inversión extranjera y provocando un subdesarrollo constructivo que como se ha demostrado en otras partes del mundo solo deja destrucción a su paso. Pobre país, pobre región de Osa, pobre su biodiversidad, y saber que el desastre apenas empieza.
 
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