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Sobre Puerto Viejo y la Marina
lunes, 04 de febrero de 2008

La Zompopa por Alicia Casas Mora. La marina de Puerto Viejo, o mejor dicho,  la Marina de inversionistas y millonarios que se pretenden instalar en lo que hoy es Puerto Viejo, ha suscitado lo que a los activistas comunitarios y ecologistas nos encanta: mucha gente organizada con ganas de hacer campaña de resistencia.

Y es que Puerto Viejo y el Caribe sur han estado dando la batalla por su propio modelo de desarrollo desde siglos inmemoriales; los Bri Bris abrieron el camino.
 
Para no irnos tan lejos, Talamanca fue zona de concesión petrolera, y su gobierno local en 1999  fue de los primeros, al mismo tiempo que el gobierno local del caribe nicaragüense, en declarar a su municipio Libre de Actividades Petroleras. Y es que en el criterio de la mayoría de los talamanqueños, tanto la petrolera, como la minera, la bananera, la maderera y la Marina, son megaproyectos de afuera, totalmente incompatible con lo que a Talamanca le gusta hacer: conservar el bosque y los corales y vivir de la tierra, de los visitantes que vienen a apreciar  la naturaleza, no a destruirla con sus grandes yates, sus torres petroleras, sus minas de oro o sus monocultivos intoxicantes. El argumento más poderoso que han utilizado todo este tiempo es que tienen derecho a su propio modelo de desarrollo, el cual ya existe y  depende de la conservación de los ecosistemas,  la fuente de bienestar cotidiano.

Algunas actividades no sustentables se desarrollan en la zona, porque la realidad no es perfecta, pero el alto grado de conciencia ecológica de los distintos sectores del Caribe Sur los ha convertido en  ciudadanos ejemplares para la sustentabilidad del siglo XXI. Incluso el TLC fue rechazado por un 84% de la población el 7 de octubre del año pasado.

Por esto vemos con alegría cómo vuelven a la carga los habitantes de Talamanca, se organizan por todas las vías posibles, estudiando los EIAs que se han presentado en Setena, informando a la gente sobre los impactos de este megaproyecto , distribuyendo información y desarrollando trabajo de hormiga, como lo han aprendido en sus experiencias de resistencia ancestrales y contemporáneas.  Cuando se derrotaron a nivel local el proyecto petrolero y el TLC, los Talamanqueños supieron que otro mundo es posible, que otro municipio es posible. El espíritu de Pablo Presbere,  Antonio Saldaña y  Adela Pita no los ha abandonado. Los inversionistas y millonarios que tanto quieren la Marina tendrán que sentarse a ver la película en la que los Talamanqueños son las estrellas.
 
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