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Expertos objetan bondades ambientales de los biocombustibles
viernes, 09 de noviembre de 2007

Por Vinicio Chacón en Semanario Universidad. Se cuestiona el impacto de la producción extensiva de caña o palma en el medio ambiente y en la población.

A pesar de que el Gobierno anuncia con bombos y platillos el impulso de actividades agrícolas orientadas a la producción de los llamados biocombustibles, para algunos expertos esas opciones no son tan eficientes en términos ambientales y económicos.


Biocombustibles se les llama a los generados a partir de productos vegetales y aunque en algunos países -como Brasil- se les presenta como una alternativa ambientalmente amigable, diversos sectores cuestionan sus bondades.

Actualmente, el Gobierno piensa impulsar la producción de palma aceitera, higuerilla y tempate, para la producción de biodiésel, así como caña de azúcar, yuca y sorgo para elaborar etanol (alcohol carburante).

Según La Nación del 31 de octubre reciente, el Ministro de la Producción, Marco Vargas, "resaltó que el gobierno tiene mucho interés" en incentivar esos cultivos en la zona norte y en Talamanca y Matina, en el Caribe.

"Este programa es una opción de oro para sacar de la pobreza a sectores importantes de las zonas rurales", dijo el funcionario.

El nuevo Ministro de Agricultura y Ganadería, Javier Flores, especificó que se busca promover el cultivo de caña en la Zona Norte y de palma africana en la Zona Sur y atlántica.Flores consideró que esos cultivos son viables para los pequeños agricultores "de manera integral, de forma de que participen en diferentes esquemas tanto en producción agrícola como en la parte agroindustrial"."La idea es contribuir al combate de la pobreza por medio de una actividad productiva sostenible a largo plazo para el pequeño y mediano productor."

El funcionario manifestó no tener "ningún resquemor" respecto de esta iniciativa, pues aseguró se plantea en áreas donde "no se compite con producción alimentaria; se trata de trabajar en sitios que tienen vocación agrícola y que no se dedican a algún cultivo determinado"."La idea es contribuir al combate de la pobreza por medio de una actividad productiva sostenible a largo plazo para el pequeño y mediano productor", añadió.Eva Carazo, secretaria ejecutiva del Movimiento de Agricultura Orgánica Costarricense (MAOCO), aseguró que los peligros relacionados con esta práctica, tienen que ver con el hecho de incentivar monocultivos, como sería el caso de sembrar extensivamente caña de azúcar o palma.

"La agricultura diversificada tiene que ver con cultura y formas de trabajo tradicionales de las comunidades campesinas", puntualizó.

Carazo detalló que el monocultivo tiene efectos nocivos sobre el suelo y que son más susceptibles e implican un mayor riesgo ante la acción de plagas; "por eso se asocian con un alto uso de agroquímicos".

Al mismo tiempo, recordó que las grandes extensiones de cultivos no corresponden con las actividades de las empresas familiares, por lo que se puede generar un desplazamiento de las poblaciones campesinas. "Se produce para exportar por encima de la cultura alimentaria", criticó.

Para Carazo, estas iniciativas no son más que la expresión de un modelo agrícola basado en las grandes extensiones y manejo muy tecnificado, inaccesible para pequeños productores que terminan por convertirse en mano de obra.

Carazo cuestionó el hecho de que se use el término "biocombustibles" y, en su opinión, sería más acertado llamarlos "agrocombustibles". "Bio" es un término que internacionalmente se usa para denominar productos orgánicos o ecológicos, según el país. "Hablar de "bio" es decir que es sustentable, que se produce a partir del enfoque orgánico, de que, por ejemplo, no se usaron agroquímicos", detalló.

¿Embarcar a los agricultores?

Por su parte, Orlando Bravo, profesor emérito quien labora en el Centro de Investigaciones en Electroquímica y Energía Química (CELEQ) de la Universidad de Costa Rica (UCR), a partir de investigaciones que ha realizado desde finales de los años 70 y sobre la eficiencia del alcohol en motores, dijo que "por supuesto que se puede utilizar, sea mezclado con la gasolina o puro, para cuyo uso es necesaria una readecuación de los motores". Sin embargo, señaló que no "es económica, social o legalmente adecuado".

Bravo explicó que el alcohol de la caña de azúcar es el único energéticamente favorable, pues la energía que se obtiene de él supera en una relación de 8 a 2, la energía cultural necesaria para producirlo.

Energía cultural quiere decir la invertida en todo el proceso de producción; "todo lo que usted paga", simplificó. En el caso del alcohol de maíz, la energía que se produce es casi igual a la que se invierte.

Con la caña, esa favorable proporción se da por el hecho de que se obtiene el bagazo como subproducto, que al ser quemado permite aprovechar toda la energía térmica y mecánica para el proceso de generar electricidad, con la posibilidad de vender los excedentes de esta energía.

No obstante, Bravo apuntó que la caña tiene el problema de la baja rentabilidad, ya que por hectárea se pueden producir 5.500 y 6.000 litros de alcohol. "Eso significa que de acuerdo con los precios actuales, una hectárea dedicada a la producción de alcohol produciría la suma de $2.600 (¢1.354.600, a ¢521 el dólar), mientras que los costos de producción entre corta, transporte y beneficio, pueden alcanzar los $1.400 (¢729.400)", detalló.

Ello arroja una ganancia parcial entre $1.000 y $1.200 por hectárea, a lo cual hay que restar lo que se invierta en abonos, pesticidas y los costos como la infraestructura y la manutención del terreno.

"Como negocio no le funciona a nadie, sobre todo si se tiene en cuenta que se requieren dos kilos de azúcar para producir un litro de alcohol, ya que el azúcar en grano produce más del doble de ingresos de lo que produce el alcohol combustible", señaló.

A lo anterior, Bravo agregó que se debe tomar en cuenta que no puede ser cualquier terreno el que se dedique a producir, dado que tiene que estar cerca del ingenio, para que no se disparen los costos del transporte. "¿Dónde se consiguen 10 mil hectáreas de tierra barata concentradas alrededor de un ingenio?", preguntó.

Para el experto, hay actividades como el cultivo de sábila o la producción de tilapia, que le pueden generar bastante más ganancias a un campesino. "¿Voy a embarcar a los agricultores a que se dediquen al biocombustible, cuando hay actividades que pagan más?", cuestionó.

Desde el punto de vista laboral, Bravo recordó que la zafra consiste en cuatro o cinco meses de corta, durante los cuales se ocupa ocho veces más personal que el resto del año. "Eso automáticamente crea un problema laboral y es por eso que se emplea mano de obra nicaragüense, que no es fácil de sustituir. Desde este punto de vista la zafra es fatal, pues no garantiza calidad de vida", advirtió.

Sobre el caso de la palma para producir biodiésel, opinó que es "peor todavía". Según sus cálculos, una hectárea de este producto puede producir entre 3.000 y 3.500 litros de aceite, lo cual genera entre $500 y $600 (¢312.600) para los campesinos, con el agravante de que la palma tarda cuatro años en producir la primera cosecha.

"Estos biocombustibles técnicamente funcionan, pero el panorama completo técnico, económico, social y ambiental, no es favorable, y lo digo de manera determinante".Al respecto de esas críticas, el ministro Flores apuntó que cualquier opción tiene que manejarse en términos de financiamiento, "que le permita al productor el sustento económico": en el caso de la palma que pueda vivir a través de sus funciones agrícolas y que le permita pagar los intereses", al tiempo que reconoció la necesidad de establecer un ingenio.Ante la pregunta del riesgo de incentivar un monocultivo, respondió que "el problema de tener la finquita del negro en donde se tenga poquito de cada cosa, es que tampoco le da la opción al productor de salir".Añadió que "no se plantea como un monocultivo, sino ver las opciones que existen, y del área que tiene el productor tenemos que analizar su conjunto, por ejemplo, tenemos experiencias muy bien identificadas para la exportación de piña y tubérculos con pequeños productores para la exportación".

Sobre el uso del término agrocombustibles, opinó que "es una terminología más adecuada, pero es más bonito y más atractivo hablar de biodiésel".

 
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