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Memorias invencibles: los mártires de diciembre del 94
viernes, 04 de diciembre de 2009

Pero su nombre continúa, sigue, 
como nosotros, esperando 
el día en que este asunto, y otros muchos, 
se den por terminados”.

En memoria de Oscar, Jaime, María del Mar y DavidImage

Un diciembre del año 94 supe la noticia de la muerte de Oscar, María del Mar y Jaime. Fenecieron en un incendio de una casa en Guadalupe, las pesquisas emprendidas en virtud del esclarecimiento de los hechos no fueron satisfactorias, según el Organismo de Investigación Judicial la causa de sus muertes nunca se supo. Al menos esa fue la conclusión a la que arribó cómodamente dicha institución antes de cerrar definitivamente el expediente. No se trataba de muertes comunes, la Asociación Ecologista Costarricense (AECO) se había venido consolidando como una fuerza disidente. Alrededor de AECO se aglutinaban organizaciones y sectores comprometidos con la defensa de los recursos naturales, hecho que necesariamente obliga a tomar posiciones en contra de los procesos de apertura que se habían venido propiciando desde la aceptación de los Programas de Ajuste Estructural (PAEs). Faltan a la verdad y al respeto por la historia quienes aducen que la actividad ecologista surgida en el país en la segunda mitad de la década de los 80s  aparece como refugio de comunistas expulsados por los eventos de crisis descendientes de lo que se denominó la caída del socialismo histórico.

El ecologismo, como una vez lo delimitó Oscar Fallas, nunca se constituyó como eje transversal del trabajo político que emprendían los países abanderados del socialismo. Nunca fue directriz de partido. Los mal llamados socialistas de esa época fueron tan contaminadores y depredadores ambientales como los mismos capitalistas. Es diferente, desde todo punto de vista, pensar que lo que ocurrió fue un despertar de una sensibilidad sustentada en la amenaza que representaba el deterioro ambiental. Por ello el ecologismo no solo convocaba, y toda vía así sucede, a militantes de izquierda sino a los sectores progresistas e incluso conservadores de cierta estirpe que miran en la devastación de los recursos naturales un peligro no solo de economía nacional sino de amenaza directa a las posibilidades de existencia humana y de la biodiversidad. El ecologismo así entendido no puede ni ha sido un instrumento para hacer política de propiedad exclusiva de la o las izquierdas.

Como sensibilidad el ecologismo “Supone una comprensión de las causas económicas, sociales y culturales que han llevado a la crisis ecológica global. Promueve la innovación social y protagonismo cívico. Critica los viejos enfoques y adversa los desgastados modelos o estilos de desarrollo y su negativo impacto ambiental. Se plantea el reto de tejer y construir un reencuentro con la naturaleza, desarrollar racionales modelos de producción, consumo y gestión cultural, lo anterior dentro de un marco que promueva la conservación sostenida de los recursos y el mejoramiento de la calidad de vida, del hombre y de todas las especies”. (Fallas 1993).

A la luz de este enfoque el trabajo de AECO consistía en construir y reparar tejido social, el que destruía la promoción del individualismo y la deshumanización proveniente de los denominados procesos de apertura. Al mismo tiempo la acción de AECO  fue pionera en mostrar la sutil y camuflada conexión existente entre dichos procesos de apertura y la repercusión de los mismos de cara a los impactos sociales, económicos, culturales y ambientales, tal como lo sugería Oscar en la cita expuesta. Eran los años en que se comenzaban a sentir con vigor los efectos mutiladores de los Programas de Ajuste Estructural, los años del florecimiento de la globalización y también los años en que abre sus ojos la voraz bestia del neoliberalismo. En otras palabras, la sociedad costarricense arrastrada por las promesas alucinantes del libre mercado estaba siendo empujada al abismo de la fragmentación social y el consumismo.  Costa Rica, que más da, imposibilitada para poder competir en los procesos productivos que se generaban en los países que sí están capacitados para ello, debía responder con lo que cuenta, esto es su riqueza natural. Para la clase política-empresarial en emergencia las oportunidades de enriquecimiento ilimitado, mediante la instalación de megaproyectos y atracción de inversión extranjera interesada en la explotación de los recursos naturales, les hacía pensar en la añorada panacea por fin al alcance de sus manos.

En torno a este entramado de hechos se sospechan componendas y confabulaciones siniestras entre la Stone Forestal, o sus pares, y el gobierno de Figueres Olsen, que incurre en el pecado, sea de acción o de complicidad por omisión. Lo cierto es que AECO cobraba fuerza debido a su legitimidad y a su modo de operar. El peligro de la difusión de sus ideas y métodos de trabajo se convertía en razón de amenaza para inversionistas y para los políticos-empresarios. Con la y los mártires de AECO comienza en nuestro país una historia de registro de amenazas a líderes y activistas del ecologismo, que se ha venido incrementando cuanto más se acentúan los dichosos procesos de apertura y de puesta en marcha de políticas neoliberales.  Se abren las páginas del libro negro del ecologismo cuyos capítulos lamentablemente no se acaban de escribir.

Después de cerrado el caso de los ecologistas abatidos el gobierno enmudeció. Surge luego un modo oficial de promover el discurso ecológico, visibilizando los encargos de conservación del MINAE, ahora MINAET, creando nuevas instituciones y atribuyendo funciones de protección ambiental a instancias y departamentos pertinentes. Se realza el afamado discurso del “Desarrollo Sostenible”, concepto importado también por el gobierno de Figueres Olsen. Se impulsan con mayor brío y nuevas legislaciones políticas ambientales destinadas, de algún modo, a contrarrestar el protagonismo del ecologismo disidente. Al calor de este escenario emergen en el país diversos grupos, asociaciones y fundaciones destinadas, según el espíritu de los tiempos, a difundir y promocionar la protección de la Naturaleza y el ambiente. Surgen tantas como las mismas directrices político-ideológicas que motivan su creación. De igual modo aparecen múltiples prácticas de trabajo y metodologías de incidencia.  Sin embargo, en el amplio abanico de posibilidades de hacer ecologismo no toda organización está en función de sus supuestos objetivos.

La actividad ecologista también comienza a perfilarse como un negocio fructífero y providencial para más de una de las tantas organizaciones existentes. La crisis ecológica global permite la captación relativamente fácil de dinero. En este festival de manos extendidas no todos participan con buenas intenciones. Por eso, otras tantas organizaciones sirven como instrumento para legitimar procesos del llamado “desarrollo” concebido al calor de la lógica del crecimiento económico valiéndose de la cooperación internacional. Valga decir, a estas alturas implica un trabajo titánico desenmascarar los cuantiosos discursos de actores comprometidos con los valores contenidos en las formulas impuestas del capital transnacional. En consecuencia la gama de posibilidades de caminar con la marcha ecologista demanda un esfuerzo de conciencia en términos de conocer las tendencias políticas del mundo y del país y ligar todo esto con la búsqueda de iniciativas de acción y gestión local. De nuevo Oscar Fallas y la AECO, en este sentido, disparaban con puntería de arquero en lo referente al modo de hacer trabajo ecologista.

Hoy por hoy, no olvidar es la consigna. A 15 años de la muerte de Oscar, María del Mar, Jaime y David, este último aparecido muerto solo unos meses después de los primeros en las inmediaciones de San José, deben exigirse y propiciarse procesos de reparación psicosocial. El silencio que hasta hoy permanece ya resulta estridente y a veces se transforma en miedo y atisbos paranoides, cuando recaen sobre algunos la amenaza y la persecución. Por la muerte de los ecologistas no se han señalado sospechosos ni mucho menos culpables. No se han implementado procesos de resarcimiento para nadie, los gobiernos de turno no han reconocido las causas inciertas del incendio de la casa donde murieron. Por el contrario, desde entonces no solo acusan de recibo indiferencia sino que  proceden con las mismas estrategias de poner en venta los recursos naturales del país. La desilusión, la desesperanza, la desesperación o la impotencia solo son comparables con la motivación de velar por la defensa de Natura a la cual los y la mártir del 94 consagraron sus vidas. Frente a la embestida de los gobiernos neoliberales no es posible el perdón ni la reconciliación. Por la construcción de una memoria ambientalista en nuestro país el gobierno saliente y el que viene debe y tiene que condenar los hechos del 94 y con ello reconocer la situación de persecución contra personas dedicadas al ecologismo en nuestro país. Además legislar y facilitar espacios en función de reivindicar y legitimar procesos de participación ciudadana en materia de defensa del ambiente.

En vez de esto, hoy sucede que quienes se avocan a la práctica del ecologismo real con el cual Oscar, Jaime, María del Mar y David fueron a la tumba y que cuestiona el modelo de desarrollo vigente siguen siendo perseguidos, con la misma frecuencia con que se siguen haciendo los negocios en los cuales se sacrifica a la Naturaleza a cambio de dinero para unos cuantos. Los conflictos socio-ambientales en vez de disminuir aumentan. A la construcción del astillero en el Golfo Dulce le sucedieron muchos otros: granjas atuneras, plantaciones de piña, minería a cielo abierto, meloneras, naranjales y demás monocultivos, Sardinal y la lucha por la defensa del agua, construcción de represas hidroeléctricas etc. Con los ataques a todas estas luchas, por acción u omisión la institucionalidad costarricense niega la memoria, pero en cambio el espíritu de Oscar, Jaime, María del Mar y David resuenan como cantos de esperanza que avivan los anhelos de lucha popular. Conforme se acerca este  7 de diciembre del 2009 más nos acercamos a aquel mismo 7  diciembre de 1994. Yo conversaba con Jaime de forma ocasional, su casa era una biblioteca, fue prolífico leyendo, dejó sin terminar un libro titulado “Dialéctica de la Esperanza”.  ¡Inolvidables compañeros sepan que escuchamos sus palabras y profesamos sus ideas! 

Juan Félix Castro Soto

Funcionario de la Pastoral Social de la Diócesis de Tilarán-Liberia

 Cédula: 2-408-068
 
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