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La visión del ambiente en una constitución moderna
miércoles, 04 de julio de 2007

Por Guillermo Quirós. Referencia: Ambiente, Derecho y Sustentabilidad. Daniel A. Sabsay. 2006.

Preámbulo

El desarrollo humano plantea un claro pronunciamiento en los parámetros que deben ser tenidos en cuenta a la hora de las decisiones gubernamentales, cuando lo que está en juego son las condiciones para la vida humana, en todo lo que hace a su dignidad, calidad e igualdad. Quienes deban aplicarlo e interpretarlo deberán tomar en cuenta que está presente una nueva noción de la equidad en su versión intergeneracional y garantías que debe traducirse en modernos instrumentos.

 

La propuesta: “Toda Persona tiene derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y donde las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de generaciones futuras...”, implica que el desarrollo humano es un equivalente del desarrollo sustentable. Es en esta parte del texto donde surgiría con mayor vehemencia la concepción de un modelo de desarrollo en el que confluyen las variables ambiental, económica, social y cultural. Se trata de una temática transversal que se deriva de la consideración conjunta de la cuestión ambiental, de su protección y de la producción para el desarrollo de una comunidad.

La calidad de vida como bien jurídico a proteger ha significado una  amplificación de la órbita de las libertades fundamentales. Su alcance incluye no sólo la formulación de nuevos derechos humanos, también aporta en el campo de la organización del poder sobretodo en la relación gobernados-gobernantes.  

Estas características merecen una visión transversal e interdisciplinaria para obtener una visión integral de la temática. De la labor conjunta surgirán soluciones a los dramáticos desafíos derivados de la necesidad de asegurar una calidad de vida digna a los habitantes de las diferentes comunidades políticamente organizadas que pueblan el Planeta.

 

         La sustentabilidad del desarrollo

La preservación del ambiente recién cobra una posibilidad cierta cuando se la acopla al concepto de desarrollo. A partir de allí se elabora un nuevo concepto del mismo, en el cual se introduce la variable ambiental. El límite a toda acción de desarrollo estaría dado por la no afectación del ambiente, dentro de parámetros establecidos. Esta posición es la que da nacimiento a la noción de desarrollo sustentable.

Este fenómeno de fácil explicación y rápida comprensión, demanda esfuerzo para ponerse en práctica. Su aplicación obliga a un trabajo conjunto de los gobiernos y las sociedades. Dentro de éstas de los distintos sectores que las componen a efecto de corregir errores, cambiar actividades, ajustar conductas. Todo esto no surgirá por generación espontánea, sino que demandará concesiones y revisiones de parte de los sectores involucrados en los procesos de producción, de creación, de educación y de consumo. Para que se puedan lograr estos cambios es necesario conseguir una aceptación y previo a ello una comprensión de todo el fenómeno por parte de los afectados.

Nos encontramos en una situación que obliga a renuncias y a la necesidad de que cada cual tenga que dar algo. Ese algo podrá consistir para un industrial en controlar los procesos de fabricación, para un productor forestal en reponer árboles, para el ciudadano en contribuir a evitar que se acentúe la contaminación. Cada acción deberá efectuarse teniendo en cuenta que ellas no produzcan consecuencias negativas para el medio ambiente. Y estas no se limitan a nuestra realidad actual, sino que deben considerar también a los futuros habitantes del Planeta. El carácter intergeneracional es una de las características que presenta la protección del ambiente y en particular su vinculación con el desarrollo. Su formulación plantea uno de los dilemas de la época actual.

Por ello la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo creada por las Naciones Unidas (Comisión Brundtland) dijo en su informe, "Nuestro Futuro Común" (1987): "Que el desarrollo para ser sustentable debe asegurar que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias". Hay una responsabilidad real de preservar el medio ambiente para asegurarles un nivel de vida digno. Para ello se debe hacer frente a los desbordes de un avance tecnológico vertiginoso y cuidar el crecimiento de la población. Estos conceptos quedaron planteados en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente que tuvo lugar en Estocolmo en 1972, donde se plantea el derecho humano a un ambiente apropiado de la siguiente manera:

"El hombre tiene el derecho fundamental a la libertad y a la igualdad, dentro de condiciones de vida satisfactorias, en un ambiente cuya calidad le permita vivir en dignidad y bienestar. Asimismo, tiene el deber fundamental de proteger y de mejorar el ambiente para las generaciones presentes y futuras".

Y la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo -ECO92-, entre los veintisiete principios que contiene, determinó:

Principio 3 - El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras.

Principio 10 - El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con las participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda.

.[1] En el plano nacional toda persona deberá tener acceso adecuado a la información sobre el medio ambiente, incluida la información sobre los materiales y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así, como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones. El estado deberá facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y administrativos, entre éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes.

El tratamiento compartido asegura medidas más adecuadas. La legislación y las prácticas de las democracias más desarrolladas así lo demuestran. Esto ha sido posible gracias a un rol muy activo de los sectores independientes, emprendido por organizaciones no gubernamentales. Asimismo la participación ciudadana se ha producido a través de ciertos mecanismos como las audiencias públicas y la administración conjunta, han procurado la creación de espacios propicios en este sentido, cuya muestra regional son algunas comunidades del Golfo de Fonseca.

 

         Conceptos

Cuando tratamos de normar el ambiente no estamos frente a una esfera propia de cuestiones sustantivas. La temática ambiental se refiere a formas complementarias de actividad que se agregan a campos precisos de competencia propios de otras disciplinas en el logro de sus objetivos. Entre los cuales el fundamental, es aquel que consiste en la obtención de una calidad de vida digna o apropiada para los habitantes de una comunidad de características variables en cuanto a su dimensión, ya que va desde la esfera internacional hasta el vecindario.

Para cualquier formulación es preciso definir:

·        El ambiente es un conjunto de elementos naturales, artificiales o creados por el hombre, físicos, químicos y biológicos que posibilitan la existencia, transformación y desarrollo de organismos vivos.

·        Un ecosistema es una unidad básica de interacción de organismos vivos entre sí y sobre el ambiente en un determinado espacio.

·        Los recursos naturales son bienes que se encuentran en la naturaleza, que le sirven al hombre y que todavía no han sido objeto de transformación de parte de él. Ellos constituyen elementos esenciales del ambiente y por ende de todo ecosistema.

·        Su regulación jurídica fue realizada en primer término por el derecho de los recursos naturales, el que los ordenó de manera individual en función de los usos de los que podían ser objeto. La aparición posterior del derecho ambiental surgió de la necesidad de conservación del ambiente a fin de evitar su destrucción y como resultado de ella el riesgo de desaparición de una calidad de vida apropiada.

·        Por conservación entendemos a todas aquellas medidas que resulten necesarias para preservar el ambiente y los recursos naturales.

 

                   Constitucionalismo y derechos

El constitucionalismo clásico de los albores del movimiento iluminista, consagra a los derechos individuales. Son ellos, el derecho a la vida, a la intimidad, a la seguridad personal, a la libertad de expresión, a la libertad de cultos, etc. Se trata de libertades que protegen ámbitos individuales de la persona humana, es decir se refieren a lo que “ella es”, a través de bienes jurídicos como la vida, el pensamiento, la religión y el ejercicio del comercio. Al hombre se lo concibe aislado, relacionado directamente con quienes lo gobiernan, sin intermediarios.  El modelo de estado es el “gendarme”, una estructura de gobierno mínima cuyas funciones propias se limitan al ejercicio de la defensa y de la seguridad de los habitantes y a las relaciones internacionales. La libertad es el gran valor cuya vigencia se persigue de manera preponderante, junto a ella debe regir la igualdad ante la ley.

 

La segunda etapa del constitucionalismo se verá caracterizada por el reconocimiento de los derechos sociales. El tiempo transcurrido bajo el esquema precedente pone de manifiesto la necesidad de resguardar espacios diferentes de la actividad humana. Se trata de acceder a la protección de las circunstancias que rodean lo que “las personas hacen”. Es decir el hombre en su relación con otros en el campo laboral. Nacen entonces el derecho laboral y la seguridad social. El estado engrosará sus incumbencias y bajo el formato del modelo “providencia”, tratará de restablecer las ecuaciones sociales de modo de asegurar un concepto reforzado de igualdad. La función de control se verá reforzada a través del reconocimiento de garantías individuales.

 

Con la consagración del derecho al ambiente sano, a partir de la década del 60 –siglo XX-, nacen los derechos de tercera generación. Esta nueva ola se fija en el entorno en el cual debe transcurrir la vida humana a partir de una proyección ad-infinitum que obliga a todos por igual, en aras al logro de la equidad intergeneracional. Junto al derecho al ambiente aparecen también los de los consumidores y usuarios. El ideal de la calidad de vida digna se ensancha para asegurar una competencia genuina que les confiera a las personas una verdadera libertad de elección de bienes y servicios. Ello, dentro del marco de una gestión que asegure su participación y le brinde amplia información.

Este fenómeno marca un punto de inflexión en el aumento de las facultades gubernamentales. La modificación se funda en la ineficiencia del estado prestador, como así también en la falta de incentivo que este modelo reditúa para la iniciativa privada. La nueva realidad lleva al ejercicio de funciones públicas a otros agentes diferentes del estado. Conlleva para este último el fortalecimiento de la función de control al lograr que la nueva situación provoque beneficios en el nivel de vida de todas las personas y no sólo la acumulación del lucro en manos de pocos.

 

Sin haber madurado la tercera ola, la realidad advierte un cuarto escenario. Estamos iniciando un proceso de globalización con concentración de las riquezas en unos pocos grupos. Esto último representa para el estado una pérdida creciente del poder. La continuación de este fenómeno augura resultados sombríos no sólo en cuanto a la situación de las personas, sino también en cuanto a las realidades nacionales y sociales. Por ello los estados que se rezaguen en definir y fortalecer una constitución moderna, asentada en sus genuinos valores; podrían sufrir serias consecuencias en su patrimonio ante las exigencias de pueblos comunicados con el planeta  que aspiran al modernismo para alcanzar un prototipo de calidad de vida. 



[1] A quince años de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo que fuera celebrada en Río de Janeiro en 1992, se realizó la Cumbre Mundial sobre desarrollo sostenible en Johannesburgo. De la reunión surgió una declaración que reseña todos aquellos pasos dados desde Estocolmo en el año 1972 abordando el problema del deterioro ambiental. Los representantes de los pueblos del mundo reconocieron aquellos grandes aspectos a resolver y, en el marco de su compromiso con el desarrollo sostenible, acordaron un Plan de Aplicación de la Decisiones que surgieron de la Cumbre, con el objetivo de promover el desarrollo humano y lograr la prosperidad y la paz universales. Ver “Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible”, Documento resultante de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, Johannesburgo, Sudáfrica, 2002.

 

 
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