header image
La minería y su impacto social en la mujer
martes, 27 de enero de 2009

Alejandra Méndez Garita Psicóloga La minería es una actividad a corto plazo pero con efectos devastadores a largo plazo. Nadie puede dudar que cuando se realiza en zonas de bosque constituye un factor de depredación de los mismos. Como lo hemos visto estos días ampliamente publicado en diferentes medios de comunicación de nuestro país.

 

Se calcula que, conjuntamente con la exploración de petróleo, la minería amenaza el 38% de las últimas extensiones de bosques primarios del mundo. Sin embargo, hoy quiero referirme al impacto negativo ambiental de la minería sobre quienes viven en las comunidades mineras en general, y muy especialmente, sobre quienes son afectadas por las operaciones de minería, ya que existen impactos diferenciados y cargas agregadas que afectan más a las mujeres.


 

 

Es posible empezar a comprender los diferentes impactos al abordar situaciones sufridas por mujeres de Indonesia, que han perdido sus parcelas a manos de una compañía minera. Bajo un nuevo colonialismo, las empresas invaden territorios de pueblos originarios, para apropiarse de las entrañas de la tierra.

 

Además, las operaciones de extracción de la compañía contaminaron el río, que ya no pudo ser utilizado para satisfacer las necesidades familiares. A fin de obtener agua para bañarse y para beber deben hacer un largo camino hasta una fuente que no esté afectada por los desechos de la compañía. De esta forma, se las priva de sus medios de ocupación tradicionales y se vuelven cada vez más dependientes de los hombres, que tienen más probabilidades de acceder a esos beneficios y controlarlos.

 

Marginación y destrucción de valores. También es necesario comprender que las compañías habitualmente sólo entran en negociaciones con hombres, y excluyen a las mujeres de los pagos de compensaciones. Incluso las mujeres tienen poco o ningún control sobre los beneficios de la explotación minera, ni acceden a ellos, en particular al dinero o al empleo. Del Boletín del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales de marzo del 2004, detallo seguidamente, los aspectos sociales más dañinos hacia las mujeres, producto de la explotación minera. 

La minería en gran escala supone la sustitución de las economías de subsistencia que han alimentado a generaciones de comunidades y pueblos indígenas, por una economía basada en el dinero en efectivo.

 

La nueva economía basada en el mercado implica una erosión importante o incluso la destrucción de los valores y costumbres tradicionales, que han sido esenciales en el sostenimiento de la solidaridad y la unidad de familias. En este proceso, la mujer es cada vez más marginada, ya que sus roles tradicionales como recolectora de alimentos, suministradora de agua, cuidadora y nutridora resultan muy afectados. La visibilidad económica depende del trabajo en la esfera pública, y a quien trabaja en tareas no remuneradas en el hogar o en la comunidad se le califica como “improductivo, desocupado y económicamente inactivo”.

 

Muchas mujeres se ven obligadas a ingresar en la economía informal para encontrar fuentes adicionales de ingreso. Al mismo tiempo que la minería en gran escala brinda limitadas oportunidades de empleo para la mujer, el sector en pequeña escala absorbe a las mujeres como trabajadoras contratadas o mediante trabajo forzoso en condiciones de explotación severas. En la  India, por ejemplo, los salarios de las mujeres son siempre más bajos que los de los hombres, no hay normas de seguridad, no existe licencia paga ni siquiera durante el embarazo o el alumbramiento, no se proporciona equipo de trabajo, y no hay baños ni infraestructura disponible.

 

Pobreza y explotación. Las mujeres desempleadas que viven en las comunidades mineras se ganan su sustento a duras penas hurgando en la escoria y los vertederos de desechos, a menudo en forma ilegal, y sufren el acoso permanente de los guardias de la compañía, la mafia local y la policía. Están expuestas a la explotación física y sexual de los dueños de las minas, contratistas y mineros, y están a merced de los comerciantes locales cuando venden sus minerales. Además, las mujeres trabajan con sustancias tóxicas y peligrosas y sufren de enfermedades laborales graves, entre las que se incluyen problemas respiratorios y reproductivos, silicosis, tuberculosis, leucemia y artritis.

 

El abuso del alcohol, la dependencia de las drogas, la prostitución, las apuestas, el incesto y la infidelidad aumentan en muchas comunidades mineras. Todo esto ha empeorado los casos de violencia familiar contra las mujeres, la discriminación activa y a menudo brutal en el lugar de trabajo, que es frecuentemente sancionada o ignorada por las instituciones judiciales y políticas. Incluso las organizaciones de trabajadores dirigidas por hombres no denuncian las violaciones contra los derechos humanos cometidas contra las mujeres. La discusión entre esas organizaciones y las compañías mineras se orienta hacia temas económicos como aumentos de sueldo, subsidios, etc.

 

En resumen, la minería, sea en pequeña o en gran escala, está produciendo un gran número de impactos negativos específicos sobre las mujeres, que están perdiendo en casi todos los aspectos relacionados con el desarrollo de esa actividad. La riqueza generada por la minería hunde todavía más a las mujeres en la pobreza, la explotación sexual, el desposeimiento y la exclusión social. ¿Es esto lo que queremos para nuestra Patria?

 
< Anterior   Siguiente >
Bloqueverde
Ingresar
Alianza de Redes Ambientales
banner.jpg
Municipios sin Transgénicos
mapainteractivo