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La ecología se ‘casó’ con las tradiciones
lunes, 12 de enero de 2009
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Paseo ecoturístico en Escazú

La Nación. A escasos minutos del centro josefino, San Antonio, distrito del cantón de las Brujas, tiene una rica oferta que incluye mascaradas, trapiche, caminata, comida criolla acompañada de marimba y cerros llenos de vida y verdor Por Sergio Arce A.

A menos de 30 minutos del centro de San José, donde el aire se respira con sabrosa delicia y la vegetación abraza montañas y laderas, un grupo de vecinos de San Antonio de Escazú lidera un proyecto de ecoturismo basado en tres pilares: la recreación, la conservación de los cerros escazuceños y el rescate de nuestras tradiciones.


Cobijados bajo el nombre de Codece, estos empunchados vecinos llevan a cabo, desde hace casi 15 años, giras diarias en las que los turistas locales y foráneos disfrutan de un paseo a pie o en carreta por senderos, un viaje al taller de mascaradas de Gerardo Montoya Arias o una visita al trapiche de Victorino Alvarado.

 

Para redondear el paseo con lo mejor de nuestros antepasados, usted se podrá deleitar con lo mejor de la cuchara de un grupo de mujeres de la zona, quienes lo estarán esperando con ricas comidas y bebidas típicas. Esto se acompaña de esa música de marimba que pica, sacude y estremece.

 

De todo un poco. Codece, cuyas siglas significan Asociación para la Protección y el Desarrollo Sostenible de los Cerros de Escazú, aprovecha estas épocas de fin y principio de año para exaltar una atracción adicional del distrito de San Antonio: el portal con movimiento de su iglesia.

 

Se trata de una joyita que, allá en los años 50, creó el señor Pedro Arias, abuelo de Gerardo Montoya, el mismo hombre que, a puro barro y papel de saco de cemento, crea esas simpáticas y variopintas mascaradas.

 

El portal estará exhibido lo que resta de este mes de enero. Usted no debe perderse la aventura de observar allí al padre sin cabeza, a la bruja de Zárate, a la campesina moliendo café, al trapiche de Don Torino , a una marimba y a unos bueyes cargando madera, entre otras atracciones en miniatura.

 

Esta obra también cuenta con una rueda de Chicago, un molino de agua, un carrusel y, por supuesto, a la Sagrada Familia. Es posible observarla gracias a las manos de Luis Mora, quien desde hace 15 años preserva la tradición de don Pedro Arias.

 

No estaría de más que le eche un vistazo a los más de 90 años de vida de esta pequeña iglesia, enclavada en el pueblo que lleva el nombre de su santo patrón. Desde los jardines de esta estructura se disfruta de una espectacular vista de la Meseta Central y, por supuesto, de los imponentes cerros escazuceños.

 

A unos cinco minutos en carro se encuentra el taller de don Gerardo, quien a un lado de su casa tiene a unos huéspedes muy singulares: la giganta, el gigante, la bruja, la Segua, la calavera, el diablo y el policía. Además, colado por allí, está el llamado Chupacabras en una esquina.

 

Para este hombre de fuerte chonete y de hablar arrastrado –con ese acento tan rico de nuestros campesinos–, sus mascaradas son más que simples huéspedes. “Son mis hijos”, dice con el pecho henchido de la emoción, mientras posa con las máscaras para el lente del fotógrafo Marvin Caravaca.

 

La casa de don Gerardo está al frente de un barranco, donde a lo lejos se divisa un riachuelo que baja de las entrañas de los cerros, sin prisa y prístino, y que abastece a miles de personas en Escazú.

 

Bajando de la casa de este artista, uno se encuentra el trapiche de don Victorino. Desde hace 15 años, este hombre de porte simpático muele la caña de azúcar, de cuyas entrañas se extrae el líquido que terminará convertido en 80 o 100 tapas dulces. Esto es lo que Don Torino –como le llaman cariñosamente– produce cada semana.

 

Esto lo hace gracias al andar pausado de sus dos bueyes, que se ven bien ‘pochotones’ gracias a los cuidados de este hombre.

 

A Don Torino a sus vecinos lo saludan con afecto, ya sea con un “¡bueeeenas!”, con el pito del carro o del bus o con un amistoso movimiento de las manos.

 

¿Exhausto por el viaje? Si le queda energía, usted no puede perderse la caminata por los cerros, donde usted podrá admirar el encanto de Piedra Blanca, y conocer su historia de brujas y hechizos.

 

De vuelta a las raíces

Qué: Paseos turísticos y de conservación. Dónde: San Antonio de Escazú. Detalles: Hay tours de lunes a domingo desde las 8 a. m. Los paseos se hacen con grupos con un mínimo de tres personas y un máximo de 60. Los precios varían de acuerdo con la cantidad de personas y con los atractivos que deseen visitar. Un dato especial: la caminata dura entre dos y tres horas y, según los representantes de Codece, es de un bajo nivel de dificultad.

 
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