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Negligencia en siembra de semillas transgénicas para favorecer a transnacionales
lunes, 15 de diciembre de 2008

 Carlos Salazar elpais.cr Una investigación sobre el cultivo de semillas transgénicas de soya y algodón, para la exportación, reveló el favorecimiento de autoridades de Costa Rica a las empresas transnacionales, que ignoraron denuncias de expertos y de comunidades

Así se desprende del trabajo realizado por la investigadora alemana Ute Sprenger, con la colaboración de científicos costarricenses, “La contaminación oculta: Semilla transgénica, bioseguridad e intervenciones de la sociedad civil en Costa Rica”.

 


“Lo que las investigaciones de la sociedad civil y las investigaciones in-situ para el presente estudio trajeron a la luz, es un manejo preocupante y negligente, en cuanto a la vigilancia de las operaciones transgénicas por parte de las autoridades responsables”, afirmó la investigación, disponible en versiones impresa y digital.

 

En el marco del mencionado proceso, las efectivamente admitieron el déficit de recursos técnicos y de personal para la vigilancia y el control, así como la falta de conocimiento y experiencia necesarios para la seguridad, a pesar de los cuantiosos recursos con los que ha contado el Servicio Fitosanitario del Estado (FISE).

 

No obstante, según los investigadores, esto no detuvo a las autoridades el permitir año tras año, desde 1991, experimentos y reproducciones de semilla de plantas transgénicas.

 

“Una señal claramente visible de las graves debilidades estructurales de las autoridades, es la contaminación en las regiones al norte de Costa Rica, por semillas dispersadas y rebrotes provenientes de los campos de cultivo de semilla transgénica”, destaca el estudio.

 

Descontrol

 

Debido al insuficiente cuidado de las empresas productoras de semilla, la situación se descontroló de tal manera, que en varios sitios fuera de la plantación aparecen plantas de algodón modificado genéticamente, es decir, no solo crecen en terrenos baldíos o entre sembradíos posteriores, sino que crecen también a orillas de los caminos y en jardines de la región.

 

Explica el estudio que estos escapes de plantas de los cultivos de las transnacionales, se han convertido ya en malezas, y son difícilmente combatibles con los herbicidas habituales.

 

Las plantaciones mismas no están cercadas adecuadamente para su contención, ni se encuentran particularmente señaladas a la población y a los propietarios de los terrenos respectivos o aledaños.

 

También se aplican masivamente herbicidas e insecticidas, sin consideración a los terrenos aledaños o la población vecina; y a los trabajadores agrícolas pocas veces se les ha aclarado acerca del carácter de las semillas.

 

Por otro lado, los cuestionamientos por parte de la sociedad civil sobre el cultivo transgénico o quejas provenientes de las regiones de siembra sobre la contaminación, “son contestadas con letargo por las instituciones, y en parte también minimizadas”.

 

“En vista del gran aprecio a la naturaleza de Costa Rica –se estima que posee el 4 por ciento de la biodiversidad mundial– este proceder de las autoridades es difícilmente comprensible, ya que no se puede descartar una polinización cruzada no intencionada, de los transgénicos con las plantas silvestres y cultivadas”, dice Sprenger.

 

De la misma manera, las plantas transgénicas que se dispersan incontroladamente, pueden contaminar también las cosechas de otros sembradíos agrícolas.

 

Información

 

 

La científica asegura que para la ciudadanía costarricense, ya sea de organizaciones no gubernamentales, personas productoras o población de las regiones afectadas por la siembra, el nivel de conocimiento sobre la tecnología genética es en general muy reducido.

 

“Nada cambia en este aspecto, a pesar del reclamo persistente de unos cuantos activistas sobre las coordenadas de los campos transgénicos, y de que desequilibren considerablemente la armonía entre autoridades y solicitantes de permisos por medio de denuncias sobre el manejo negligente del cultivo, la cosecha y el transporte por parte de las empresas semilleras”, precisa Ute Sprenger.

 

En Costa Rica está muy lejos de darse un debate transparente por parte de la sociedad sobre los beneficios y los efectos negativos de los cultivos transgénicos, destaca.

 

Aun así, la controversia mundial por los riesgos y precauciones en el uso de plantas modificadas genéticamente no excluye a Costa Rica.

 

Después de que en septiembre de 2004 se alzó por primera vez la demanda por una moratoria al cultivo transgénico por parte de la sociedad civil, y cada vez más organizaciones locales cuestionan las consecuencias de las plantaciones transgénicas sobre la agricultura convencional y orgánica, los grupos de presión por la tecnología genética de Estados Unidos se han mostrado alarmados.

 

Entre tanto, observadores del Ministerio de Agricultura estadounidense (USDA), ya hablan de una “coalición de ambientalistas extremistas”, que pone en peligro el curso acostumbrado de las actividades de reproducción transgénica.

 

 

Asimismo, las mismas empresas semilleras se sienten evidentemente impedidas por el trabajo perseverante de unos pocos activistas en la región de siembra, que repetidamente llamaron la atención a las autoridades sobre terrenos abandonados y el rebrote masivo de algodón transgénico.

 

Así, en agosto de 2005, el servicio de fitoprotección costarricense se vio en la obligación, –por presión del gigante de semillas de algodón Delta & Pine Land Semillas (D&PL)–, de clasificar como confidenciales datos de solicitudes y de cultivo, antes todavía accesibles.

 

Después de todo, hay mucho en juego para el sector algodonero estadounidense, en crecimiento vertiginoso. Desde el periodo de cultivo 2003-2004, posiblemente ante la expectativa de futuras exportaciones a China, se había aumentado en Costa Rica de forma drástica la superficie de reproducción de semilla de algodón transgénica.

 

“La influencia del grupo de presión por la tecnología genética en el país se ha vuelto definitivamente considerable. Esto abarca desde las mencionadas intervenciones directas en las instituciones hasta la presencia notoria de expertos estadounidenses, que entre políticos, el sector científico y los medios de comunicación, crean ambiente positivo para la tecnología genética”, sostienen los investigadores encabezados por Sprenger.

 

Respuesta popular

 

Hasta la fecha, existen en Costa Rica cinco comunidades o cantones que se han declarado libres de transgénicos: primeramente en mayo del 2005 el Consejo Municipal de Paraíso de Cartago en el Valle Central y siguieron el Consejo Municipal de Santa Cruz y del Cantón de Abangares en la provincia de Guanacaste, además Nicoya y San Isidro de Heredia.

 

En todos los casos, los políticos locales fueron apoyados en su pronunciamiento por iniciativas de la sociedad civil.

 

Según el registro de cultivos, en los últimos años las labores de reproducción transgénica se han concentrado en las regiones del noroeste de Costa Rica.

 

En el periodo de 2003 al 2005 los cultivos transgénicos de algodón y soya crecieron en diversos cantones de las provincias de Puntarenas, Alajuela y Guanacaste (Registro de cultivos MAG-SFE, 2003-2005).

 

La provincia más afectada por el cultivo es Guanacaste, donde la mayoría de los sitios se ubican en los cantones de Cañas y Bagaces.

 

De acuerdo con Sprenger, a las autoridades del Ministerio de Agricultura llegan cada vez más indicios sobre sembradíos transgénicos, que se han propagado involuntariamente o que rebrotan, o sobre problemas ocasionados por la aplicación de plaguicidas. (fin de la segunda de tres notas).

 
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