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El TLC y la ganadería
lunes, 11 de junio de 2007

Mario E. Fernández Arias Catedrático Universidad de Costa Rica y Universidad Nacional (retirado) Pensamiento Solidario Pequeño productor ganadero cantón de Alfaro Ruiz, Alajuela Santa Ana, mayo de 2007

La importancia económica y social del sector ganadero

El sector ganadero en Costa Rica se encuentra conformado por una estructura de productores muy diversa, que incluye una gran base de pequeños productores, muy grande en número y de gran peso económico y social, hasta una cúspide en la que se ubica una sector de productores grandes y las empresas procesadoras de los productos, tanto lácteos como carne.

A pesar de que existe un cierto prejuicio en el sentido de pensar que los ganaderos son latifundistas con mucho dinero, no todos los ganaderos son gente acomodada. En la base del sector hay una gran cantidad de productores pequeños, que producen un poco de leche o de queso, y venden algunas vacas o toretes de vez en cuando, y que obtienen con ello algunos ingresos. Estos ganaderos conforman la mayoría de los productores, y es un sector que va a ser seriamente afectado si el TLC llega en algún momento a ratificarse.

No deja de ser un sector productivo exento de contradicciones. Por un lado, las empresas procesadoras pueden abastecerse de la materia prima sin importar de dónde proceda la misma. Así, en el pasado ha habido intentos de abrir el mercado de importación, y de alguna forma se ha abierto, para la importación de materias primas para estas plantas, e incluso de la búsqueda de supuestas alianzas estratégicas que no eran sino el intento de poner al sector bajo la égida de empresas transnacionales (la fusión o “alianza estratégica” ente la Cooperativa Dos Pinos y la Nestlé, por ejemplo, que fue rechazada por la base de los productores hace algunos años).

Por otro lado, la base de productores ha entendido que la apertura del mercado nacional no significa otra cosa que sacrificar su futuro como productores y, por ende, la fuente de ingreso fundamental con la que mantiene a sus familias. Esta apertura se haría en el beneficio de unos pocos empresarios y empresas, en su mayoría transnacionales, que desplazarían al productor nacional del mercado, tanto en producto fresco como procesado, y a favor de los productores de Estados Unidos que, con base en los grandes subsidios que reciben, estarían en la capacidad de inundar nuestro mercado interno con producto importado.

Para algunas de estas empresas es indiferente si trabajan con materia prima nacional o importada. En efecto, un queso o un yogurt, o un embutido o una carne empacada, se puede vender indiferentemente si el origen de la materia prima, ya sea la leche o la carne, es nacional o importada.

Incluso ha sido el interés de algunas de estas empresas procesadoras el impulso a la apertura de las importaciones, con el objetivo de tener insumos baratos y aumentar su ganancia, pero ello se hace con ese único objetivo, y sin que el consumidor tenga beneficio en un producto final más barato en el anaquel del supermercado.

Por ejemplo, en el país se producen chocolates, tanto para el consumo nacional como para la exportación. En el rubro de la producción de chocolates, al que ha estado ligado el actual Ministro de Comercio Exterior[1], el interés en la apertura comercial es para quitarle los impuestos a los insumos para producir los chocolates es poder importar cacao (o sustancias sustitutivas del cacao), desplazando con ello a los productores del Caribe y la zona norte del país, importar jarabes de maíz, para no tener que comprar azúcar nacional, e importar LECHE EN POLVO, para no comprar la leche que producen nuestros productores. Incluso las etiquetas y los envoltorios en que se ponen los chocolates son importados.

La pregunta que surge es: ¿es esto una verdadera industria alimenticia, con vinculaciones internas a nivel económico que potencie la producción de nuestros agricultores y ganaderos, y maximice el valor agregado en el producto final?. En realidad no, sino que se trata de una verdadera MAQUILA, simple como todas las otras, en las que el único aporte al valor agregado nacional es el terreno, los recursos en agua, luz, teléfonos y otros servicios, y la mano de obra. Y esto se hace en un sector que tiene una gran potencialidad para generar vinculaciones internas que potencien la producción y que generen ingreso para nuestros productores. ¡Así han degradado a nuestra industria alimenticia, y quieren presentarse como los salvadores de nuestros agricultores y ganaderos!

Lamentablemente, el interés de algunos es seguir convirtiendo a nuestra industria alimenticia en maquila, y con ello desplazar a la producción nacional en beneficio de la importada. Esto pasaría, por ejemplo, con el procesamiento de leche si fuera ratificado el TLC: las plantas procesadoras podrían seguir operando, con materia prima, es decir, con leche importada, pero entonces, ¿dónde entregarían la leche los productores si las plantas no se la reciben?

Igual caso lo tendríamos en el caso de las fábricas de embutidos, que podrían seguir operando con carnes de pollo, cerdo y res importadas, pero al mismo tiempo dejarían de consumir el producto nacional. Y las plantas procesadoras de carne, podrían seguir operando con carne de vacas de desecho de Estados Unidos, que no se puede vender en los mercados de los países desarrollados, y que entraría al país sin pagar impuestos si el TLC fuera ratificado

El sector ganadero y la apertura comercial

Se puede afirmar que la sobrevivencia de los ganaderos y lecheros nacionales se ha basado en el mantenimiento de un nivel de protección arancelaria que ha permitido reducir las importaciones de productos subsidiados, desde que el país fue embarcado en el proceso de apertura comercial con el ingreso al GATT y a la OMC.

En primer lugar, y en ello no debemos ser flacos de memoria, debemos recordar que el sector lechero ha subsistido y crecido gracias a la protección que ha tenido a nivel arancelario, establecida desde el año 1994 en que empezó a funcionar el Acuerdo de la Ronda Uruguay[2]. En este Acuerdo se estableció un tratamiento arancelario preferencial, por el cual a la leche se le fijó un arancel especial de protección del 127%, el que posteriormente para el año 2000 se había rebajado al 105% y que en la actualidad como nivel mínimo está establecido en un 65%. Esto es lo que ha protegido al sector de las importaciones, y le ha permitido seguir produciendo y abasteciendo lo fundamental del mercado nacional.

¿Qué significa lo anterior?. Pues simplemente que si alguna empresa pretendía importar productos lácteos tenía que pagar un impuesto de entrada del 127 o del 105% posterior, esto en reconocimiento de que el país tenía el derecho de protegerse del daño que las importaciones de productos fuertemente subsidiados que podrían haber entrado desde Estados Unidos o desde la Comunidad Europea, para que la producción nacional no se viera barrida por la importaciones. Esto fue un producto de la acción organizada de los productores, a través en ese momento de la Cooperativa Dos Pinos y de las Cámaras de Productores de Leche, que reconocían entonces el peligro y que exigieron que el gobierno defendiera esta posición ante la OMC, posición que fue considerada como justa en su momento por esta organización, de forma que el país fue autorizado a establecer estos aranceles especiales de protección.

En segundo lugar, en el caso de la carne bovina, la misma pudo disfrutar del arancel máximo autorizado en el marco de la OMC que el país logró en el Acuerdo de la Ronda Uruguay (arancel consolidado), que fue de un impuesto de importación del 55%, el cual se fue posteriormente reduciendo de acuerdo al calendario establecido por ese organismo en un 1% anual, de forma que en la actualidad está establecido en el 45%.

Es importante señalar que la aplicación de este arancel es un derecho que el país mantiene en el marco de la OMC, y que se puede aplicar como impuesto de importación máximo a los productos que internamente el país decida. El mismo se ha venido aplicando a productos como el arroz (aunque en la actualidad se ha rebajado al 36% para ese producto, como una decisión unilateral de nuestros gobiernos), las papas y las cebollas frescas, la carne de cerdo, el azúcar y como mencionamos, a la carne de bovinos.

Un aspecto que no se debe perder de vista es que, tanto en lo que se refiere a la ganadería de leche como a la ganadería de carne, el mercado interno es fundamental, es decir, la producción destinada al consumo de nuestro pueblo es la que mantiene el sector.

En el caso de los productos lácteos, si bien se exporta a países de Centroamérica y de el Caribe (Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, República Dominicana, algunos países del CARICOM), lo fuerte para el sector es el consumo interno. Lo que se exporta es alrededor del 10% de la producción nacional, de forma que tanto las empresas procesadoras como los productores agropecuarios que comercializan leche, queso y otros productos lácteos en forma independiente (los cuales generalmente no exportan), dependen en alrededor de un 90% del consumo nacional.

En este sentido, se puede entender, por más que digan los funcionarios del COMEX y los defensores del TLC que no, que la importación de leche subsidiada desde Estados Unidos para el consumo nacional, tendría un efecto catastrófico sobre la producción.

En el caso de la carne de res, se depende del mercado interno, es decir, del consumo de nuestro pueblo, en alrededor del 80% de la producción nacional. La ganadería de carne representa un caso interesante, ya que debe recordarse y nuevamente no debemos ser flacos de memoria, que en los años de la década de 1970 se generó un proceso enorme de expansión de la producción en el país, impulsada por las exportaciones al mercado de Estados Unidos, o más precisamente, a Estados Unidos y a Puerto Rico. Se generó una gran expansión del hato, impulsado por buenos precios en esos mercados, se crearon miles de hectáreas nuevas de pasturas y la ganadería de carne creció por todas partes.

Pero el periodo de buenos precios no duró, y la posibilidad de exportar se fue reduciendo, y todo el sector ganadero entró en una fuerte crisis, y se cerraron plantas empacadoras, y los productores se vieron obligados a vender las vacas de cría y el potencial reproductivo del hato bajó, simplemente porque al mercado internacional ya no le interesaba nuestra carne. Y estamos hablando del mismo mercado que ahora nos lo meten por lo ojos la gente del COMEX y los defensores del TLC como la solución a todos nuestros males.

La verdad es que la producción ganadera se estabilizó, y siguió siendo la fuente de empleo e ingreso para una gran cantidad de productores, tal vez ahora más pequeños luego de que desapareció el gran negocio de la exportación y ya la rentabilidad no era tan atractiva, y esto sucedió gracias al mercado interno. Por eso es que yo digo que la ganadería de carne experimentó un proceso de reconversión productiva, pero al revés de lo que prescribe la receta neoliberal, ya que logró salir de la crisis a que la había reducido el debacle de la exportación gracias al mercado interno. ¡Realmente la realidad es más complicada y se sale del molde de los famosos modelitos de las ventajas comparativas y las recetas y dogmas de los neoliberales, para los que la globalización económica y la famosa integración con el mundo resuelve todo!.

¿Verdad que el mercado interno no es tan malo ni tan raquítico como lo quieren hacer parecer los defensores del TLC?. Si esto fuera así, como se explica que en el país tengamos una producción de leche con los altos niveles de eficiencia y productividad que caracterizan a la mayoría de los productores, y que además el sector genere empleo e ingreso para miles de personas, en forma directa y en forma indirecta, si el mercado interno fuera algo despreciable.

Igualmente, si el mercado interno fuera tan despreciable, ¿como se explica que tengamos una industria de procesamiento de productos lácteos, afortunadamente aún bajo la modalidad de cooperativas en su mayor parte, de una gran eficiencia y productividad?. ¿Y como nos explicaríamos la reactivación de la ganadería de carne sustentada en el mercado interno, luego de la crisis de la exportación?

El sector ganadero y los efectos del TLC

Resulta preocupante cierta percepción que se puede ver en el sector ganadero, tanto de carne como de leche, en el sentido de que el TLC “no es con nosotros”, o como me externó un productor de leche en Zarcero, de que no hay de que preocuparse “ya que el TLC establece 20 años de moratoria para las importaciones de leche”. O como lo externó un productor ganadero de San Carlos, en el sentido de que “nunca se van a dar importaciones de carne desde Estados Unidos, ya que allá el precio es muchas veces superior al nuestro”.

Además, pareciera que algunos se han creído que con el TLC se van a abrir las posibilidades de exportación de carne y productos lácteos a Estados Unidos, y que a futuro próximo estarán saliendo los furgones repletos de carne, queso, helados, natilla, etc., hacia Estados Unidos, y que el sector va a vivir en jauja.

Sería tranquilizante si lo anterior fuera cierto, pero la realidad es otra:

No hay tal moratoria de 20 años para la importación de productos lácteos y más bien el TLC abre nuestro mercado interno a las exportaciones de ese país de producto subsidiado

La estructura de la producción en Estados Unidos posibilita la exportación de carne que para el mercado interno de allá o para los mercados de los países a los que exporta Estados Unidos[3], no tiene la calidad adecuada. Esta es la carne de vacas de desecho, es decir, de las vacas que son retiradas de la producción de leche y como reproductoras en las fincas ganaderas de carne.

La estructura subsidiada de la producción de los lácteos en Estados Unidos limita en gran parte nuestras posibilidades de exportación, haciendo que nuestros productos no sean competitivos en ese mercado. Por ejemplo, Costa Rica no ha podido aprovecha la cuota de exportación de queso blanco que se otorga por la OMC en la forma de contingente arancelario sino en una fracción muy pequeña[4], ya que el producto al final resulta más caro que el estadounidense, debido a los subsidios.

Estados Unidos tiene acumulados enormes excedentes de carne bovina, debido a las restricciones que ha tenido para exportar a Europa y a Japón debido a problemas sanitarios (presencia de casos de la enfermedad de las “vacas locas”, por ejemplo), por lo que las necesidades de importación son prácticamente nulas. Esto hace que la expansión de la cuota de exportación planteada en el TLC libre de impuestos sea un simple espejismo.

Estados Unidos tiene acumuladas grandes cantidades de carne de “baja calidad”[5], que desplaza a la nuestra en las posibilidades de venta en ese mercado. Debe recordarse que la carne que exportamos a ese mercado entra bajo el apelativo de calidad de “carne magra”, de baja calidad en los estándares del mercado de Estados Unidos, para ser utilizada como carne molida, y más bien en ese país existen enormes excedentes acumulados de carne de vacas de desecho, que tienen necesidad de exportar.

Veamos más en detalle qué es lo que establece el TLC en relación con la carne y los productos lácteos, y que consecuencias tendría para el sector.

El TLC y los productos lácteos

En términos generales, lo que el TLC establece para todos los productos agrícolas, es la apertura de nuestro mercado interno a las exportaciones de productos subsidiados procedentes de Estados Unidos, de una forma absoluta y sin condicionar la apertura a la reducción de los subsidios directos e indirectos a la producción existentes en ese país. Esto significa poner a competir a los productores nuestros con los productores de Estados Unidos, país que tiene los más altos niveles de subsidios en el mundo.

Cómo es que se propone esta apertura a las importaciones del mercado de los productos lácteos en el TLC. Veamos el asunto en detalle[6].

Muy probablemente muchos han oído hablar de los famosos períodos de desgravación arancelaria. Esto no es otra cosa que el periodo establecido para que el arancel o impuesto de importación que se cobra pase del nivel actual, que es del 65% para la mayoría de los productos lácteos, a cero.

Este periodo de desgravación arancelaria ha sido establecido en 20 años, con 10 años de gracia durante los cuales el arancel no se reduce. Esto tal vez es lo que ha llevado a algunos a confundir los 10 años de gracia de no reducción del arancel con una “moratoria de las importaciones”, moratoria que no es tal, ya que perfectamente cualquier empresa puede realizar importaciones de productos lácteos si paga el arancel establecido, en cualquier momento del proceso de desgravación, y sin límite de cantidad.

Este periodo de 20 años es el que los defensores del TLC han proclamado a los cuatro vientos como el gran logro en la negociación, pero al final lo que pretende es ocultar el hecho de que la desgravación es un proceso de reducción del arancel, cuyo punto final de llegada es CERO. Es decir, que luego de que se concluya la desgravación, los productos lácteos no pagarían absolutamente ningún impuesto para ingresar al país, es decir, cualquiera podría importar sin pagar absolutamente ningún impuesto.

Si vemos el asunto de esta perspectiva, el periodo de desgravación es algo así como un certificado de defunción entregado con fecha establecida de antemano, es decir, le están diciendo al productor cuándo más o menos va a arruinarse. La realidad es que el TLC elimina la protección arancelaria que ha permitido al sector ganadero defenderse de la competencia desleal que representaría la importación de productos subsidiados desde Estados Unidos, y elimina de forma total esa protección al llevar al arancel a cero, es decir, al establecer una apertura total de nuestro mercado a las importaciones mencionadas, al llevar el arancel a cero.

Sin embargo, no es cierto que el efecto de las importaciones por la reducción del arancel se va a empezar a producir 20 años después de que se ratificara el TLC. El periodo de gracia establecido es de 10 años, lo que significa que el arancel empezará a bajar a partir del inicio del año 11 de vigencia del tratado, en que el mismo se empezaría a reducir año a año desde el nivel actual del 65% para llegar a 0.

Estados Unidos por su parte no contrae en el TLC ninguna obligación de reducir sus niveles de subsidio, sino que queda en completa libertad para seguir aplicándolos sin restricciones derivadas del tratado. Es decir, que nuestros negociadores aceptaron la apertura total de nuestro mercado ante una contraparte que queda en libertar de exportar productos lácteos en la cantidad que se les ocurra, y sin pagar absolutamente ningún impuesto[7].

Pero, lo más grave de todo es que una vez que el arancel llegue a cero, no habría fuerza capaz de volverlo a subir, ya que ese nivel arancelario es el punto de llegada del proceso, y el proceso es total, completa y absolutamente irreversible, y debemos recordar que según alguien ha dicho por ahí, “es más fácil cambiar los 10 mandamientos que modificar el TLC”.

Por si lo anterior fuera poco, una vez que el arancel llega a cero, el país ya no tiene derecho de utilizar ninguna medida de protección, llámese “salvaguardia” o cualquier otra. Es decir, aún cuando se estuvieran arruinando los productores, no hay forma de volver a subir el arancel ni se pueden aplicar medidas de salvaguardia[8], una vez que el arancel llegó a cero.

Por eso es que algunos afirmamos que esto es como el caso de los paracaidistas: una vez que los tiran del avión el único punto de llegada que tienen es el suelo, pero a los productores con el TLC nos tiran el avión ….. ¡y nos quitan los paracaídas!.

Si todo lo anterior no fuera suficiente, tampoco es cierto que el efecto del tratado se va a empezar a sentir hasta el año 10 de vigencia, sino que el efecto sería inmediato apenas el mismo entrara en vigencia, y esto debido al establecimiento de lo que se conoce como los contingentes arancelarios[9]. Lo anterior no es otra cosa que el establecimiento de una cantidad de productos que el país se compromete a aceptar entrando al país sin absolutamente el pago de ningún impuesto.

En al cuadro 1 se pueden ver el volumen de esos contingentes año por año de vigencia del tratado, hasta el año 20, en que ya no tendrían sentido, ya que a partir de ese año de vigencia del tratado podría entrar cualquier cantidad de producto desde Estados Unidos sin pagar impuestos, ya que en ese momento el arancel llegaría a 0, y ya no habría forma de volverlo a elevar.

Analicemos el asunto de los contingentes con detalle, para más claridad. Como puede verse en el cuadro 1, el efecto de las importaciones libres de producto subsidiado serían inmediatas, desde el mismo momento en que el tratado entrara en vigencia.

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Si bien en al año uno de vigencia el arancel aún estaría en el 65%, el TLC establece la obligación para el país de aceptar 1,050 toneladas métricas de productos lácteos que entrarían sin pagar un solo centavo de impuesto, cifra que equivale a un millón cincuenta mil kilos, cifra que se compone de 200,000 kilos de leche en polvo, 150,000 kilos de mantequilla y materias grasas lácteas, 410,000 kilos de queso y 140,000 kilos de otros productos lácteos.

Como puede verse, la cantidad de producto que entraría libre de impuestos va subiendo cada año de vigencia del tratado, de forma que en el año en que empieza el proceso de desgravación arancelaria ya el país estaría aceptando un millón seiscientos veintinueve mil kilos de productos lácteos.

Si consideramos el famoso periodo de gracia, durante el cual supuestamente no hay efectos porque no ha empezado la reducción del arancel, según los defensores del TLC, se habrían importado 11,579 toneladas métricas de productos lácteos, o sea, once millones quinientos setenta y nueve mil kilos.

El proceso de erosión de la producción nacional por efecto de esas importaciones se daría incluso cuando engañosamente no se ha empezado a reducir el arancel, de forma que es totalmente falso que se cuenta con un periodo largo para que el sector productivo se prepare para la competencia. Pero, en cuanto a esto, debe recordarse que en las condiciones actuales del comercio internacional no estamos frente a una competencia justa, sino frente a una competencia desleal, ya que se trata de competir con productores que reciben los más altos subsidios en el mundo.

En Estados Unidos el sector lácteo es uno de los más subsidiados, con niveles que representaban, según información de la Cámara Nacional de Productores de Leche (Costa Rica)[10], el 51% del valor de la producción al año 2001. Estas ayudas alcanzan la astronómica cifra de $6,300,000,000 (seis mil trescientos millones de dólares anuales para el año 2002, o sea más de 17 millones de dólares diarios[11] en transferencias desde el gobierno a los productores y plantas procesadoras, o sea, algo así como ocho mil 800 millones de colones diarios).

Estos enormes niveles de subsidios permiten a Estados Unidos colocar el producto a precio muy bajo, es decir, a precios de dumping, lo que significa que venden el producto en el extranjero por debajo de su costo real de producción, con la finalidad de apoderarse de mercados desplazando la producción nacional del país al que exportan.

Este es el panorama real, no los cantos de sirena que entonan los defensores del tratado. En lugar de aumentar nuestras exportaciones, vamos a ser desplazados en el mercado de Centroamérica por la producción estadounidense y gravemente afectados en el mercado nacional por las importaciones. Si aún ahora los productores saben que muchas veces tienen que bajar la producción porque la Dos Pinos no les recibe toda la leche que tienen capacidad de producir, con el TLC se van a topar con que el producto final y la materia prima importada los va a desplazar, y van a tener que vender las vacas.

Lamentablemente, el hilo siempre tiende a romperse por lo más delgado, y van a ser los pequeños productores artesanales los que probablemente se vean afectados primero. Si las empresas procesadoras disminuyen la compra de producto, en la primera fase la tendencia será transformar esos excedentes de leche en queso y otros productos, que es precisamente la fuente fundamental de sostenimiento de los productores artesanales que no entregan su producción a las plantas. Y la desaparición de este sector, seguida por los recortes de personal en las fincas más grandes, va a generar el aumento del desempleo y la pobreza. Ese al final es el resultado final previsible del TLC, el aumento de la pobreza, la desaparición de unidades de producción y el desplazamiento de la población del campo. Ahí está el caso mexicano que es ilustrativo, al punto que les están haciendo un muro, para que no puedan irse al norte, y ahí está el caso salvadoreño, en que se habla ya de miles de trabajadores y campesinos desplazados del agro, y de la emigración de 500 personas diarias en forma ilegal hacia Estados Unidos, según información de la CNN.

El TLC y la carne bovina

En el caso de la apertura del mercado de la ganadería de carne, lo que el TLC establece es una apertura inmediata y brutal del mercado nacional, en el que tal vez es el caso en que el proceso se da en forma más acelerada y de golpe. En lo que se refiere a la apertura del mercado a la carne de res el TLC no anda con sutilezas de periodos de gracia, o de contingentes arancelarios, para implantar la apertura en forma disimulada, sino que se hace de golpe. Veamos eso en detalle.

En primer lugar, se establece la apertura total e inmediata para la importación de cortes finos (en inglés “prime rate” y del rubro de “despojos comestibles”, que se refiere primordialmente a vísceras), de forma que ese tipo de carne si se ratificara el tratado, entraría desde el momento en que el TLC entrara a funcionar al mercado nacional, sin pagar ningún tipo de impuesto de importación y sin límite de cantidad.

Si bien los cortes finos tienen un consumo relativamente restringido, dirigido a consumidores de alto ingreso y a restaurantes de lujo (“steak house” o parrilladas y similares), en los que el consumo de los turistas extranjeros es importante, no deja de significar el desplazamiento de un tipo de producto de alta rentabilidad y el cercenamiento de la posibilidad para muchos productores nacionales de ingresar en ese espacio productivo, o su desplazamiento del mismo para los que ya han incursionado en él.

Al igual que en el caso de los productos lácteos, se establece un proceso de desgravación arancelaria, aunque más corto, de solo 15 años, en el que el arancel llegaría a cero, con la apertura total del mercado a las importaciones desde Estados Unidos.

Pero, el mecanismo que deja completamente desprotegido al sector es el punto de partida del proceso de desgravación. En el caso de los lácteos, el arancel empieza a reducirse desde una base de 65%, y en otros productos el punto de partida se fija en el 45%, que es el arancel máximo consolidado del país, como hemos visto anteriormente, pero en el caso de la carne bovina el punto de partida del proceso de desgravación arancelaria quedó fijado en el TLC en el 15%.

Esto resulta altamente sorprendente, ya que significa borrar de un plumazo 30 puntos porcentuales del arancel, es decir, la apertura más acelerada de todas las que se plantean para los productos sensibles en el marco del tratado. Por ello es que Estados Unidos no pidió en este caso contingentes arancelarios, porque no los ocupan, ya que el sector queda desprotegido desde el puro inicio de la posible vigencia del tratado, es decir, el arancel baja al 15% de porrazo, nivel que no es protección suficiente para frenar las importaciones.

Según esto el proceso de desgravación arancelaria sería sumamente sencillo: se trata de ir bajando un punto porcentual por año en el impuesto de importación para la carne procedente de Estados Unidos, partiendo de un 15% al inicio, hasta que el arancel llegue a cero en 15 años.

Al igual que hemos explicado anteriormente, en este caso y en todo el sector agropecuario, el arancel cero es un punto final de llegada que no admite retorno en el marco del TLC, ya que no se puede volver a subir, y una vez alcanzado no se pueden aplicar salvaguardias u otros recursos de protección. Es la misma caída libre sin derecho a paracaídas, en la que el único punto de llegada es el suelo (arancel cero).

Ante ello, la exportación de carne que no tiene salida en el mercado interno de Estados Unidos o en la exportación a los otros países desarrollados, como es la generada a partir de las vacas de desecho, y de la cual tienen grandes excedentes acumulados, pone al sector de la ganadería de carne ante la situación de tener que enfrentar una competencia desleal, en la que ese producto desplazaría a la producción nacional y obligaría a una baja de la rentabilidad y a la reducción del hato.

Con solo el hecho de que el TLC estipule esa reducción automática y brutal del arancel de importación del 45 al 15%, es motivo suficiente para que los productores rechacemos el tratado. El pretexto para fijar ese arancel como punto de partida del proceso arancelario lo fue la estipulación en el tratado de que los puntos de partida de los procesos de desgravación arancelaria se fijan a partir del denominado “tratamiento de nación más favorecida (NMF)”, en el marco del arancel centroamericano de importaciones.

El hecho es que en el pasado el país aplicó un arancel del 15%, principalmente para la importación de ganado en pie desde Nicaragua, y en el marco de la integración centroamericana. Estados Unidos pidió, entonces, ser equiparado a ese arancel cobrado en algún momento por el país bajo el mecanismo de NMF, y que el mismo quedara fijado como punto de partida del proceso de desgravación, sacudiéndose de un solo porrazo de 30 puntos porcentuales del arancel, lo que aparentemente fue aceptado mansamente por los negociadores designados por el gobierno.

Los resultados que ya pueden verse en los países centroamericanos en que el TLC está en vigencia, como es el caso de El Salvador, indican que la invasión de nuestros mercados por carne de Estados Unidos es una posibilidad real. Así, en El Salvador se ha podido constatar que la importación de productos lácteos y carne bovina son dos de los rubros que han aumentado más, de forma que las importaciones de carne y pollo procesado crecieron en un 378% en el primer año de vigencia del TLC[12], en tanto que las de lácteos lo hicieron en un 37%, en un país en el que la población tiene menos poder adquisitivo que en Costa Rica.

Ya sectores de la producción en los países que tienen el TLC en funcionamiento se están arruinando, esa es la realidad simple, y lo único que puede esperarse es el aumento de la emigración de centroamericanos hacia Estados Unidos, si es que pueden pasar los muros que por algo están construyendo.

Una reflexión final sobre el aumento de los costos de producción y su impacto en el sector ganadero

Recientemente hemos oído mucho sobre el interés recién surgido de impulsar fuertemente en Estados Unidos la producción de biocombustibles, gran parte de la cual se haría con base en etanol, para sustituir gasolina, y eventualmente, en aceites vegetales, para sustituir el diesel. Esto ya ha llevado a casi la duplicación del precio del maíz en el mercado internacional, y es previsible que aún aumente más en el futuro.

Por otro lado, se busca impulsar la producción de etanol con base en caña de azúcar en los países tropicales, estrategia en la cual Brasil parece que ya está matriculado. En el caso de Costa Rica, está planteada la producción de etanol también, e incluso en el TLC se establece una cuota para el país para que el mismo entre a Estados Unidos sin pagar impuestos, con beneficio directo para los cañeros y principalmente para la empresa Taboga, que es la que tiene la planta más grande para esa producción en el país, ubicada en Guanacaste.

Esto generaría una escasez relativa de melazas, lo que podría llevar a un aumento de precios de este insumo para la producción de leche. Lógicamente, si fuera más rentable utilizar las melaza para la producción de etanol a los precios actuales, ello elevaría los precios para los productores de leche.

Ante estas previsiones, se tendrían los siguientes fenómenos y efectos.

La perspectiva actual en el mercado internacional es a que la tendencia se encamina a dedicar cada vez más maíz a la producción de etanol, con el objetivo de obtener "biocombustibles". Si esto se profundiza, es posible que se genere una escasez relativa de maíz en el mercado internacional, y ante ello el dumping de Estados Unidos no tendría sentido ya que estarían usando los excedentes para el etanol. Esto lógicamente llevaría a una elevación de los precios, tanto del maíz amarillo como del blanco.

Incluso pudiera ser posible que se generara una baja de la producción de carne bovina, leche y aves, ante la escasez de materia prima barata en Estados Unidos, pero si esto ocurriera, sería a mediano plazo. En la actualidad lo que se da es que en Estados Unidos se transforma gran parte de la producción de maíz en ganado bovino, cerdos, pollos y pavos, y así se exporta, y todavía ese país tiene un potencial alto para expandir aún más la producción de maíz en vista a la producción de etanol.

A nivel interno, una subida del precio del maíz amarillo inmediatamente tendría un efecto encadenado a los costos de producción de la leche, los cerdos y los pollos (acá no utilizamos concentrados masivamente para engordar ganado para carne). Esto deterioraría la famosa "competitividad" aún más frente a las importaciones, y en el corto plazo uno podría imaginarse un panorama en el que todavía Estados Unidos se esté desprendiendo de los excedentes a precios de dumping de leche, pollo, cerdo y vacas de desecho, mientras los productores nacionales estarían ya afectados por la elevación de los costos.

En lo que se refiere a la producción de etanol con base en caña de azúcar, ello tendría el efecto si los empresarios azucareros se embarcan en esa producción en gran escala, de reducir la cantidad de melazas disponibles para la alimentación animal (mieles), producto que es utilizado extensamente en el país principalmente en la producción de leche. La perspectiva sería de una especie de competencia entre la producción de etanol y la producción lechera, la que puede llevar a un aumento del precio de las mieles, con un incremento del costo de producción para los lecheros.

Esto generaría un proceso que tendría los siguientes pasos:

  1. Aumento de los precios del maíz amarillo y de las melazas
  2. Aumento de los costos de producción en cerdo, leche y pollo en Costa Rica
  3. Entrada al país de esos últimos productos a precios de dumping, principalmente por el efecto de la eventual ratificación del TLC
  1. Ruina acelerada de los productores, la cual sería más acelerada con el TLC.

La salida ante esta perspectiva es en primer lugar decirle NO AL TLC[13], y luego de ello, partiendo de la recuperación de cierta autonomía para definir soberanamente nuestras políticas productivas, prepararnos para enfrentar este proceso, ya sea mediante retomar la producción de maíz amarillo o mediante la producción de sorgo para sustituirlo en los concentrados. La única ventaja existente es que el maíz es un cultivo de ciclo corto, por lo que es factible tener altos niveles de producción en un corto plazo, pero sería necesario actuar ya.

Es importante señalar que de lo que estamos hablando es de un aumento de los precios de los productos finales en lácteos, por la vía del incremento de los costos de producción sin que con ello crezca el nivel de rentabilidad de los productores. Lógicamente, el perjudicado sería el pueblo consumidor, y el beneficiado sería el exportador de Estados Unidos, que podría ingresar a nuestro país con producto subsidiado con mayores ganancias y con más posibilidad de manipular los precios para arruinar a nuestros productores.

Si bien y como es lógico el incremento del precio del maíz también tendría efecto en la elevación de los costos de producción para la carne y la leche en Estados Unidos, no debe perderse de vista que son productos subsidiados, y que ello da las condiciones para que se puedan vender en nuestros países a precios reducidos. Además, en ambos casos lo que se hace es la exportación de excedentes, es decir, de producto almacenado en muchas ocasiones por muchos años, y que es necesario vender, aunque sea a precios reducidos.

En el caso de la leche este proceso es muy claro, y en el caso de la carne de res es importante señalar que Estados Unidos ha tenido en los últimos 5 años dificultades grandes para exportar, debido a problemas sanitarios que han implicado el cierre de mercados importantes en Asia y Europa, lo que ha aumentado los excedentes acumulados que ahora están almacenados en los frigoríficos, y de los cuales es urgente deshacerse.

Por si fuera poco, el TLC tiene una serie de especificaciones que tienen que ver con el asunto de las patentes, que haría aumentar el costo de producción al restringir el uso de productos genéricos de precio más bajo y exigir el uso de productos patentados, en artículos como medicinas, herbicidas, fertilizantes, etc., lo que contribuiría a reducir aún más la competitividad de nuestros productores.

Lo anterior hace todavía más oscuro el panorama a futuro para el sector ganadero, y la única vía por delante y como primer paso para sobrevivir es decir NO AL TLC. Luego de ello tendremos que encarar la construcción de una verdadera política agraria nacional, en la que los conceptos de SEGURIDAD Y SOBERANÍA ALIMENTARIAS sean los ejes centrales, a la par de una auténtica reforma agraria profunda.



[1] El señor Marco Vinicio Ruiz fue(¿o es?) empresario vinculado a una empresa de chocolates, con planta ubicada en el sector de El Barreal de Heredia.

[2] El Acuerdo de la Ronda Uruguay, que fue aprobado en 1990 y que dio origen a la Organización Mundial del Comercio (OMC), fue suscrito por Costa Rica en diciembre de ese mismo año, mediante una ley en la que la Asamblea Legislativa aprobaba la integración del país a ese organismo, de forma que Costa Rica pasó a ser en ese momento el miembro número 100 de la OMC. En ese acuerdo el país se comprometía a una serie de pasos para abrir su mercado interno, los cuales empezaban a tener vigencia hasta el año 1994, es decir, 4 años después de la adherencia al Acuerdo. Es importante señalar que durante ese lapso los gobiernos no hicieron nada para preparar a los productores para enfrentar los cambios, y ni siquiera informaron adecuadamente al sector agrario de las implicaciones que esto tenía.

[3] Unión Europea y Japón, principalmente, aunque con la vorágine de tratados comerciales que está promoviendo Estados Unidos, quieren expandirse con sus exportaciones a otros países como los árabes, Corea del Sur y otros.

[4] Las exportaciones han sido de cantidades reducidas de queso blanco, dirigidas a zonas al interior de Estados Unidos en que hay fuertes concentraciones de ticos, como California y Nueva Jersey, en lo que se conoce como productos dirigidos a minorías, o como dicen algunos, para “consumidores nostálgicos”. Curiosamente, este ha sido el caso también de Honduras, Nicaragua y El Salvador, que solamente han podido exportar quesos para las zonas en que viven gran parte de sus nacionales en el país del norte (quesillos, queso ahumado), sin haber podido penetrar el gran mercado consumidor que supuestamente se abría con el TLC. Al final el cuento es siempre el mismo, nos compran lo que ellos no tienen y principalmente productos “étnicos”, sin que tengamos posibilidad real de entrar al mercado masivo de productos dirigidos al consumidor medio.

[5] Pongo “baja calidad” entre comillas, porque se ha comprobado que la carne que producimos nosotros, de reses engordadas con pasto, tiene un menor contenido de grasa, y proviene de animales más sanos, criados al sol y al aire libre, y no estabulados y alimentados con granos y desechos animales, como es el ganado engordado en los países desarrollados. La prueba de ello es que los problemas sanitarios son principalmente de los países desarrollados (fiebre aftosa, enfermedad de las vacas locas), y no de nosotros.

[6] Los puntos que vamos a exponer a continuación, están contenidos en el Tratado en el Capítulo 3 “Trato nacional y Acceso de mercancías al mercado”, y cualquier persona interesada puede verificar contra ese texto lo que aquí exponemos.

[7] Esto es igualmente aplicable a todos los productos del agro, ya que la apertura propuesta es total, es decir, se establece la eliminación completa de todos los impuestos de importación para prácticamente todos los productos del sector agropecuario.

[8] No quiero extenderme mucho con el asunto de la salvaguardia. Sobre ello el TLC establece una salvaguardia especial propia del tratado, que está por encima de las salvaguardias que se establecen en el marco de la OMC. La diferencia es que al contrario que las de la OMC, la salvaguardia en el TLC solo es aplicable durante el periodo de desgravación arancelaria y tiene un monto máximo establecido. Para ello, deber revisarse el Cap. 3, Anexo 3-15, y si se tiene interés en un análisis más detallado, puede verse el capítulo relacionado con la agricultura en el libro TREJOS, María Eugenia y FERNÁNDEZ, Mario E. . Tratado de Libre Comercio Estados Unidos – Centroamérica – República Dominicana (TLCEUCARD). Estrategia de Tierra Arrasada. Editorial Universidad Nacional Estatal a Distancia (EUNED). San José, 2005 .

[9] La información sobre esto está incluida como Apéndice I del Anexo 3-3-notas CR del tratado.

[10] CÁMARA NACIONAL DE PRODUCTORES DE LECHE. Principales aspectos del sector lácteo en los Estados Unidos. Apoyos internos y subsidios. Costa Rica, sin fecha. En ese documento, utilizado para justificar en su momento la exclusión que se solicitaba de los productos lácteos del TLC, se hace una descripción detallada de los diversos mecanismos que se utilizan para transferir dinero desde el gobierno a productores y transnacionales del sector lácteo.

[11] Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el total de ayudas transferidas a los productores y empresas en los países desarrollados asciende a $1,035.4 millones de dólares diarios (mil treinta y cinco punto cuatro millones), de los cuales Estados Unidos transfiere $297.8 millones de dólares diarios a sus productores agropecuarios y empresas, es decir, casi trescientos millones de dólares por día.

[12] Diversas informaciones periodísticas, en los periódicos La Nación, Extra y Tiempos del Mundo (El Salvador), indican que el año 2006 pasó a ser el más deficitario en el comercio con Estados Unidos para Centromérica. Curiosamente, solo Costa Rica, país en el que no se ha ratificado el tratado, aumentó sus exportaciones, en tanto que en el resto más bien disminuyeron, mientras aumentaban las importaciones, principalmente de alimentos. Esto llevó a un aumento del déficit comercial con respecto a Estados Unidos de un 24% en El Salvador, llegando a los $300 millones, con la pérdida de más de 93,000 empleos; en Guatemala se pasó de una balanza comercial positiva a una negativa de $415 millones, y en Honduras si bien aún mantiene una balanza positiva, la misma se redujo de $500 millones a solamente $25 millones. Esto confirma lo que hemos afirmado repetidamente: el TLC es un mecanismo fundamental para que Estados Unidos aumente sus exportaciones a Centroamérica, y lo están logrando en forma acelerada en los países en los que el TLC ya está en funcionamiento.

[13] El TLC como está planteado bloquea cualquier posibilidad de tener una política agraria independiente como país, ya que sus alcances son tales que bloquean cualquier posibilidad que se salga de los marcos definidos por el mismo.
 
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