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Qué pasaría verdaderamente en Las Crucitas
martes, 09 de diciembre de 2008

 Simmel Ortegarrieta Periodista( Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla ) Tuve el agrado de cruzarme con Las Crucitas. El agrado no por la mina, sino por la vasta información, literatura y documentales en Internet que nos advierten contra los devastadores efectos que causaría este aberrante proyecto minero sobre el Río San Juan, sobre dos países, sobre 11 mil árboles protegidos y sobre millones de mamíferos, aves, peces, reptiles e insectos. 


Quise ver por qué hay quienes despilfarran miles de dólares en anuncios de prensa, televisión y radio, para vendernos una tergiversada “Verdad a cielo abierto”, cuando en la gratuita Internet tenemos acceso a las verdades que prefieren omitir. (¡Ya hasta están usando el nombre “Crucitas” como marca registrada! -anuncio publicado el jueves 13 de noviembre, página 13A, de La Nación)

Pero debido a que “entre cielo y tierra no hay nada oculto” me topé con uno de los mejores documentales en Youtube al respecto: Consecuencias de la minería de oro a cielo abierto -título, por demás, elocuente- elaborado por Oxfam. En él, la organización internacional expone los nefastos efectos póstumos de minas en Perú, Guatemala, Honduras y Nicaragua, y desde ahí se observa qué pasaría –verdaderamente- en Las Crucitas.

 

Atrocidades contra la naturaleza. Para quienes argumenten que estos hechos son lejanos y crean que eso no sucederá, porque “en Costa Rica las legislación ambiental es muy estricta”, existe otro video: Oro sucio en Miramar (Puntarenas, Costa Rica), también en Youtube, y del cual toma partes el video de Oxfam.
 

Lejos de prohibir la difusión de su video, Oxfam insta a compartir y ser testigos de las deprimentes realidades a las que fueron sometidos algunos pueblos latinoamericanos, pobres y sin acceso a la información.
 

De ambos extraje las siguientes conclusiones, muy breves, pero contundentes y altamente preocupantes. Las comparto por deber personal, moral y ambiental. Las comparto por ser un miembro de una generación que no está dispuesta a tolerar más las atrocidades en contra de la naturaleza. Las comparto porque tenemos derecho a informarnos e informar, a valorar las consecuencias reales, y a tomar una decisión consciente y documentada:

-Para extraer las microscópicas partículas de oro se remueven toneladas métricas de piedras, tierra y agua.
 

-Los desechos sedimentan los ríos y nacientes, limitan el acceso al agua y se erosiona la tierra.
 

-Una mina pequeña ¡gasta 250 mil litros de agua por hora!, ¡lo mismo que usa una familia en 20 años!

-El cianuro, indispensable para obtener oro, es altamente tóxico: una cantidad del tamaño de un grano de arroz basta para matar una persona.
 

-Cuando una mina se va, el cianuro permanece impregnado durante siglos en las miles de toneladas de tierra y millones de litros de agua contaminados.
 

-Cuando una mina se va, el pueblo queda igual o más pobre (y ahora sin recursos naturales).
 

-Es común la irritación de ojos y vías respiratorias; y a nivel neurológico, el nerviosismo y estrés.

 
-A nivel socio-demográfico, la población queda dividida. Son frecuentes las disputas airadas entre pobladores, a favor y en contra de la minería.

 
-Se garantiza “trabajo para todos”, pero cuando una mina se va, o en caso de accidentes, las indemnizaciones son escasas o nulas.

 
-Se afirma que “podría muy eventualmente” ocurrir daños ambientales, pero omiten reconocer que éstos ocurren, en efecto, desde que se talan los primeros árboles.

 
Ejemplo a la vista. Volviendo al ejemplo de Miramar, uno de los casos más recientes de minería en Costa Rica, es justo mencionar que el proyecto cerró en 2007, con solo 18 meses de operación, debido a que los deslizamientos del terreno impidieron continuar. En nación.com se informa que “se removieron 7 millones de toneladas de tierra en un año. Y se excavó hasta 40 metros de profundidad”.

 
Aún no se han calculado los riesgos ambientales de los bosques arrasados, ni de las tierras y aguas utilizadas. Pero tampoco la empresa se ha hecho responsable, ni por reanudar los trabajos que prometieron, ni por reubicar los sedimentos. Simplemente se escudó bajo el cartelito de “cierre temporal”, por demás, incierto, indefinido, indiferente.

 
La verdad verdadera es que hay muchas mentiras qué extraer de la minería a cielo abierto. La verdad está al acceso de todos, la verdad no permanecerá sedimentada, ni encubierta bajo millonarias campañas a favor. La verdad verdadera es que La Mina Las Crucitas es una cruz que no queremos cargar.

 

 
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