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Método orgánico intenta sacar a cultivo de piñas del banquillo en Costa Rica
jueves, 06 de noviembre de 2008
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AFP.Rodiber Martínez toma el machete que lleva al cinto y con destreza pela una piña recién cortada de su planta, la troza y reparte entre turistas alemanes que visitan la finca donde trabaja, en la que se intenta combinar un cuestionado cultivo con la protección ambiental.

Martínez trabaja desde hace cinco años en la finca 'Corsicana', en una fértil zona del noreste de Costa Rica, que inició la primera experiencia de cultivo orgánico de piñas, que tienen una creciente demanda en los mercados norteamericano y europeo.
Con 1.100 hectáreas, el predio vende toda su producción a la transnacional Dole, que hace medio siglo inició la comercialización de piñas en Hawaii, pero ahora ha trasladado parte de sus operaciones a Centroamérica.

El cultivo de piñas está en el banquillo en Costa Rica --el mayor exportador de esta fruta-- pues ecologistas y vecinos de plantaciones denuncian que está dañando el ambiente y contaminando los ríos.

Por ejemplo, la Corte Suprema, que acogió recientemente en forma parcial un recurso de amparo contra empresas piñeras, dictaminó que "la inadecuada disposición de desechos de la piña" causa la proliferación de la "mosca picadora o de establo", con el consiguiente perjuicio a los ganaderos.

El tribunal ordenó al Ministerio del Ambiente terminar con los focos de contaminación causados por la producción de piñas, que se ha convertido en la principal fuente de divisas por exportaciones agrícolas del país, junto al banano.

La superficie de cultivos de piña, conocida en la colonia como la "reina de las frutas", se ha triplicado en la última década en Costa Rica.

Pero su expansión está amenazando la biodiversidad y los recursos hídricos, por el masivo uso de agroquímicos contaminantes, dicen científicos.

Por eso esta finca situada en Sarapiquí, 100 km al noreste de San José, puede lograr que este cultivo sea sostenible a futuro, porque todo el proceso se hace en forma 'orgánica', sin el uso de agroquímicos.

En este predio se producen piñas "golden sweet" (las más dulces y cotizadas en el mercado) utilizando como fertilizantes sangre de ganado (seca) y harina de pescado, así como 'control biológico' (insectos) para atacar las plagas.

"Por supuesto, la sangre de ganado huele feo y a nadie le gusta (el olor), pero es necesario", dice Rodiber Martínez, quien sirve de guía a los turistas que visitan la finca.

Todo el proceso productivo es orgánico en esta granja, donde cada semana son cosechadas, lavadas, seleccionadas y empacadas unas 135.000 piñas, que luego son exportadas a Canadá, Estados Unidos y Europa.

La piña, que pertenece a la familia de las bromelias, demora 16 meses en madurar. Su planta, que sólo produce una fruta, alcanza casi un metro, pese a su pequeña raíz de apenas cinco centímetros.

Aunque producirlas de manera orgánica cuesta más, estas piñas valen 30% más que las comunes en el mercado internacional, dice Martínez.

"Este proceso (productivo) es más caro, por eso toda la producción se destina a la exportación", explica.

Esta finca, de propiedad de la empresa estadounidense Collin Street Bakery, inició los cultivos de piñas en 1990, pero incursionó en 2001 en el proceso orgánico, el que desde hace pocos meses cubre el 100% de la producción.

También produce plantas de piña con fines ornamentales, que también se exportan.

Una variedad de cocteles, bocadillos, postres y pasteles se hacen con las piñas, que se comercializan en seis tamaños.

Este método de cultivo está atrayendo a un creciente número de turistas a la finca Corsicana, en un país que recibe a 2 millones de visitantes al año.

"A veces tengo que preparar 90 o más piñas" para que degusten los turistas, cuenta Juana Ortiz, que trabaja en el restaurante que tiene la finca.

"Solamente probamos las piñas para saber si están dulces... porque estamos aburridas de ellas", agrega.
 
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