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Denuncian destrucción en Cerro El Morro en Parque Las Baulas
jueves, 30 de octubre de 2008
informa-tico.com Los ecologistas Edwin Alpizar y Juan Figuerola denunciaron la destrucción del sotobosque en el Parque Marino Las Baulas, en Guanacaste, y el derribo de árboles que luego son convertido en aserrín por maquinas trituradoras.
 
Alpizar y Figuerola indicaron en un comunicado que el pasado 17 de octubre realizaron un recorrido por El Morro, donde descubrieron dos máquinas trituradoras que convertían en aserrín árboles talados.

"La intención de eliminar el sotobosque es preparar las condiciones para que dentro de un par de meses, algún "ingenioso" forestal contratado por el propietario, certifique que allí no hay bosque sino potrero, y de esta manera les faciliten los permisos para eliminar los árboles remanentes", señaló la denuncia.

Dicha denuncia señala textualmente:.

Las modalidades empleadas por algunos "ingeniosos" forestales para eliminar las evidencias de la tala ilegal en bosques son variadas y muy conocidas: cortan el sotobosque y le siembran pasto, envenenan los árboles o los anillan, queman los troncos y las ramas, y hasta los entierran... Hoy queremos compartir con ustedes una técnica novedosa: primero descuartizan los árboles y después los pulverizan.

El sábado 25 de octubre, Edwin Alpízar y Juan Figuerola, integrantes de Bosques Nuestros, visitamos el Parque Nacional Marino Las Baulas de Guanacaste y ascendimos al Cerro El Morro, ubicado en el extremo norte del parque. Un cerro exuberante, completamente cubierto de bosque.

Al inicio de nuestro recorrido, hallamos decenas de hectáreas donde había sido eliminado el sotobosque, es decir: el estrato bajo del bosque, compuesto por arbustos y árboles jóvenes. Nos impactó descubrir montones de aserrín dispersos a lo largo del trayecto, obviamente vestigios del extinto sotobosque. Más adelante nos encontramos con ramas y troncos de árboles jóvenes talados, acordonados a la orilla del camino. Pero faltaba lo más impactante.
 
A la distancia, oímos un ruido infernal. No era una motosierra, tampoco un tractor. Nos aproximamos cautelosamente, ocultos en la espesura del bosque, y pudimos observar a pocos metros, la trituradora en acción. Una cuadrilla de aproximadamente ocho hombres la alimentaban con el material acordonado. En cuestión de segundos, ramas y troncos pasaban por las fauces de la trituradora y eran expulsados por el ducto de salida, convertidos en aserrín.

Dos trituradoras
Cerca del mediodía, llegó una camioneta y se llevó a los peones a almorzar. En ese momento aprovechamos para salir y nos acercamos al sitio. Observamos dos trituradoras, distanciadas entre si unos cincuenta metros, cascos, chalecos, botellas de agua. El suelo y las plantas del bosque estaban completamente cubiertos de aserrín. Una pesadilla en vivo. Esto estaba sucediendo ante nuestros ojos en un parque nacional, en un bosque patrimonio natural del Estado, motivo de orgullo nacional. Antes que volvieran los peones, seguimos nuestro recorrido.

El camino habilitado para el tránsito de la maquinaria estaba barroso, erosionado. Una herida de gravedad en el bosque. A todo lo largo de la orilla, montones y más montones de ramas y troncos acordonados, a la espera de la trituradora. Más adelante, decenas de reses nos observaban y a nuestro paso, ariscas, se internaban en el bosque. Comprobamos que la red de caminos conducía al fin último de esta dantesca escena: terrazas construidas en las partes más altas del Cerro El Morro, con vistas espectaculares, dignas de un parque nacional con miradores como los del Poás o Barra Honda, pensados para el disfrute de las y los costarricenses, de un pueblo realmente orgulloso de su patrimonio natural y en paz con la naturaleza.


Al día siguiente fuimos donde el director del Parque Baulas, y le contamos todo lo que habíamos visto. Nos dijo que iban a ir a inspeccionar el sitio inmediatamente. Esperemos que paren este desastre, que los daños sean reparados y los responsables, sancionados.
Esta denuncia coincide con un gobierno que declara de interés público y conveniencia nacional la eliminación de un bosque para abrirle paso a un tajo. La mina de Las Crucitas es muerte rápida; la eliminación del bosque en el Parque Baulas es muerte lenta. Las dos tienen el mismo fin.

El caso del Cerro El Morro es complejo. Estamos hablando de un bosque que es parte importante de un parque nacional declarado por ley en 1995; pero hasta el día de hoy, habiendo pasado por las manos de cuatro gobiernos, ninguno ha sido capaz de ejecutar las expropiaciones correspondientes. En 1999, según el avalúo oficial, el Estado costarricense pudo haber consolidado el Parque Baulas, sin mayor problema, pagando menos de 1.300.000 dólares por las 373 hectáreas pendientes de expropiación. Pero ningún gobierno cumplió.
Por lo tanto, hay terrenos del Parque Baulas que siguen siendo propiedad privada, y los propietarios tienen derechos sobre estas propiedades. Pero esos derechos no incluyen pulverizar el bosque. El artículo 19 de la Ley Forestal prohíbe el cambio de uso de los suelos en terrenos privados cubiertos de bosque. Es decir, un bosque no puede ser convertido en potrero o en lotes para construcciones residenciales o turísticas, como pretenden hacer perversamente en el Cerro El Morro.

La intención de eliminar el sotobosque es preparar las condiciones para que dentro de un par de meses, algún "ingenioso" forestal contratado por el propietario, certifique que allí no hay bosque sino potrero, y de esta manera les faciliten los permisos para eliminar los árboles remanentes.

Precisamente ayer, martes 28 de octubre, el matutino La Nación publicó una interesante nota sobre el también guanacasteco Parque Nacional Santa Rosa, donde se menciona que el bosque seco tropical está en vías de extinción, y que ya solo queda en el planeta, el 2 por ciento del área total. El Cerro El Morro es parte de ese 2 por ciento de bosque seco tropical del planeta.

La gran pregunta es: ¿Por qué no expropiaron en 1999, cuando el metro cuadrado valía 34 centavos de dólar, de acuerdo con el avalúo oficial? La gran respuesta es: porque los propietarios de estos terrenos son amigos de los administradores de turno y hoy exigen cientos y miles de dólares por metro. Por ejemplo, el Cerro el Morro es supuestamente propiedad de un extranjero, quien aparentemente es muy amigo de nuestro presidente. Cabe suponer, pues, que no expropiaron en 1999 porque sabían que venía el "boom" del turismo y el furor de los rótulos For Sale... y porque estaban bien sentados incubando los huevos de oro.

El pequeño inconveniente es que los huevos de oro deberían ser del pueblo costarricense, para mejorar la calidad de vida de todos nosotros, para disfrute de las generaciones presentes y futuras; pero lamentablemente están en manos de una banda de inescrupulosos ligada a la clase política.

SEÑORAS Y SEÑORES DIPUTADOS: EL PARQUE BAULAS FUE BIEN CONCEBIDO, NO HACE FALTA NINGÚN NUEVO PROYECTO DE LEY. HACE FALTA QUE HONREMOS A NUESTRO PUEBLO, QUE HAGAMOS RESPETAR NUESTRAS LEYES, Y QUE PROTEJAMOS NUESTRO PATRIMONIO NATURAL.

 
 
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