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Los Pueblos indígenas seguimos viviendo la escoria de un proceso que se inició hace cinco siglos.
viernes, 17 de octubre de 2008
La Sala constitucional en virtud de sus resoluciones a favor de los pueblos indígenas ha reafirmado con sus reiterados votos una realidad que todo mundo reconoce, pero que pocos están dispuestos a materializarlos en el marco del derecho positivo y dentro de la institucionalidad del país.
La Sala constitucional sigue llamando la atención a los políticos y a los gobernantes sobre la necesidad de reconocer los derechos de los pueblos indígenas a sus tierras, territorios, cosmogonía y tradiciones. Somos un pueblo donde nuestra voz lo invisivilizaron con las armas en el proceso de conquista y colonización y luego nuestros derechos patrimoniales fueron ultrajados en el marco del establecimiento de la República de Costa Rica y para colmo, nuestros derechos políticos quedaron reducidos al fragor de las campañas electorales de cada cuatro años, caracterizadas por estar llenas de promesas, pero vacías de soluciones tangibles e integrales para los derechos indígenas. Hoy los pueblos indígenas nos constituimos en el principal estorbo del capitalismo salvaje, del desarrollo que ha dejado una larga estela de muerte a lo largo de nuestro continente y que hoy con el tratado de libre comercio quieren consolidar su poder económico sobre las espaldas de nuestros hombres y mujeres. El incluir el artículo 78 de la ley de biodiversidad no fue un error o un olvido de los 38 señores diputados y diputadas que apoyan el tratado de Libre Comercio, es que esta ley establece requisitos fundamentales para la protección de la vida y del conocimiento de nuestro pueblo. El no querer consultar a los pueblos indígenas sobre el proyecto de propiedad intelectual demostró e evidenció de una vez por todas que cuando existen intereses económicos de los sectores casados con el neoliberalismo los derechos de los pueblos nativos no valen y no existen y por eso la resolución de la Sala constitucional en voto numero es trascendental y el gobierno no debe rehuir de su papel y de su responsabilidad ética y moral como gobernante para aceptarla y de consultarle a las comunidades indígenas en virtud al respeto a la instiíucionalidad del país y a los ciudadanos indígenas que también estamos sujetos a derechos y obligaciones en este país, que es de todos los costarricenses. Este mismo camino y esta misma decisión debieron tomarse para el proyecto UPROV relacionado a las semillas ya que nuestras semillas nativas las cuales cultivamos durante muchos milenios van a desaparecer ya que quedaron a merced, voluntad y al servicio de los monopolios de las empresas patentadoras y el daño a nuestros valores culturales y al conocimiento quedaron seriamente amenazados y comprometidos y ni siguiera por respeto nos tocaron las puertas para avisarnos o preguntarnos sobre nuestra opinión con respecto a este tema. Alrededor de estos temas se han unido gobernantes, políticos, grandes empresarios representantes de las transnacionales y han fraguado un plan denominado TLC para entregar la soberanía, el conocimiento y la dignidad que como pueblos indígenas tenemos en derechos, seguimos siendo los más patriotas ya que como lo hicimos en la consulta al TLC y en el que obtuvimos un noventa por ciento de los sufragios en contra de la iniciativa, también en el pasado expusimos nuestras vidas para defender la soberanía del continente frente a la invasión de los Europeos. Hemos repetido saciadamente que este convenio comercial es humillante, degradante, impositivo e irrespetuoso para la soberanía de nuestro país, que es como una camisa de fuerza que una vez puesta ya no se puede cambiar. Las plantas medicinales, el agua y los bosques son innegociables porque son las raíces de la propia vida y por ende se constituyen en derechos fundamentales, tienen carácter absoluto, eterno e inmutable que toda ley debe respetar y para el caso nuestro se constituyen en derechos consuetudinarios. La declaración Universal en su artículo 24 dispuso que los pueblos indígenas tienen el derecho a su medicina tradicional y practicas de salud, incluyendo el derecho a la protección de las plantas medicinales, animales vitales para la convivencia humana.

Señores y señoras diputados la desafortunada propuesta de eliminar el inciso 6 del artículo 78 de la ley de biodiversidad mediante el proyecto trece del tratado de libre comercio fue una jugada olímpica para violentar la legislación nacional y cercenar una conquista histórica de las organizaciones sociales y de los indígenas que siempre luchamos para que los conocimientos ancestrales y el uso de las plantas medicinales siguieran siendo patrimonio de los Costarricenses y no de los mezquinos intereses de las grandes trasnacionales. Es por ello que nuestra propuesta es la siguiente:
 
  No a la patentización de nuestras plantas medicinales.

•      No al tráfico de nuestros conocimientos asociados a los derechos consuetudinarios.

•      No a un tratado de libre comercio que ya sin aprobarse nos está generando conflictos con nuestros recursos naturales.

•      No  al  cinismo  de  los  señores  y  señoras  diputadas  que  quieren eliminaran nuestras garantías mediante la incorporación del inciso 6 del artículo 78 de la ley de biodiversidad en el marco del tratado de libre comercio.

•      Si a la consulta abierta y popular a nuestro pueblo tal y como lo establece el convenio 169 de la OIT tal y como lo estableció la Sala Constitucional.

•      Sí al respeto, a la seguridad territorial, al desarrollo, al conocimiento y a los derechos patrimoniales que tienen los pueblos indígenas.

Atentamente por prganizaciones y dirigentes indígenas.


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