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Siete especies de corales dejaron de verse en Cahuita estudio de la Universidad de Costa Rica
lunes, 29 de septiembre de 2008
Aumentó cantidad de corales vivos, pero solo hay 27 especies de las 34 originarias Estudio tico analiza crecimiento, cantidad y amenazas de estos arrecifes

nacion.com os arrecifes del Parque Nacional Cahuita, en Limón, están perdiendo la enorme diversidad de especies de corales que alguna vez los caracterizaron.
Aunque los científicos han detectado un levísimo repunte de la cantidad de área cubierta con corales vivos durante los últimos años, ellos mismos niegan que esas colonias o los arrecifes se estén recuperando.

De las 34 especies de corales conocidas en Cahuita, unas siete especies no se han vuelto a encontrar, y de otra más solo queda una pequeña colonia en todo el arrecife, sugieren datos preliminares obtenidos por un estudio que realizan actualmente científicos del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar), de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Según dijo el biólogo marino Carlos Jiménez, autor principal de la investigación, “cantidad no es calidad” y, “si uno comparara el arrecife de Cahuita con un bosque, habría que decir que antes Cahuita estaba plagada de árboles enormes de caoba (madera fina) y que ahora empieza a reforestarse, pero con árboles de maderas de poco valor mucho menos densos y pequeños. No hay más caobas, o no tantas”.

Para el científico, esto significa que la composición original de especies de corales ha cambiado, es decir, algunas especies emblemáticas del arrecife cahuiteño desaparecieron, mientras otras están tomando posesión del espacio disponible y disminuyendo aún más las oportunidades de que las otras especies reaparezcan.

“Se podría decir que lo que sobrevive allí en Cahuita ahora son los corales más fuertes, que soportaron el paso de químicos, la sedimentación y los disturbios naturales de los últimos treinta años. Estos no son necesariamente feos o dejan de ser corales, pero tampoco son los más bonitos y no reflejan la riqueza original del sitio”, agregó Jiménez, graduado de la Universidad de Bremen, Alemania, y de la UCR.

Desde hace 50 años, la tendencia general del crecimiento de algunas especies coralinas más abundantes en Cahuita es a disminuir significativamente. “La cantidad (diversidad) y calidad de los corales en los años setentas y a principios de los ochentas es mucho mayor que en la actualidad”, comentó el científico.
 
Razones. El porqué de esta disminución tiene varias explicaciones.

Por un lado están las razones ambientales. Entre ellas pueden destacarse las tormentas que producen oleajes extremos. Estos oleajes debilitan y resquebrajan las estructuras coralinas.

Un detonante de la muerte de los corales es también el calentamiento de las aguas durante períodos prolongados. Al elevarse la temperatura del mar, el agua se vuelve “ácida” y mata el alga que necesitan los corales para poder respirar y vivir.

La arena proveniente del desierto del Sahara que viaja en las corrientes de aire del Caribe también daña los corales. Esta no es tan masiva, pero sí tiene su contribución mediante microorganismos o patógenos que trae adheridos.

Por el otro lado, destaca la culpas humana. Por ejemplo, la tala indiscriminada de árboles en las cercanías de la costa hace que haya mucha más erosión, la cual envía más sedimentos (polvo y tierra) hacia el mar. Este sedimento cae sobre los corales, les impide respirar y alimentarse, y por eso mueren.

El uso de agroquímicos en las plantaciones agrícolas de Limón también tiene su cuota de responsabilidad. Estudios científicos corroboran desde hace 25 años que hay un impacto directo de estos químicos en la salud de los corales, inclusive cuando no son usados cerca del mar. Los agroquímicos son absorbidos por la tierra y, poco a poco, se decantan en el mar Caribe, maltratando los corales.
 
“Estudiando los esqueletos de los corales se encontró que la reducción en su crecimiento coincide con el aumento en sedimentos atrapados en el esqueleto. Esto data de unos cincuenta años atrás y en mayor grado hace unos treinta”, indicó el investigador del Cimar.
 
“Entiendo que se quiere pensar que sí se están recuperando los arrecifes de Cahuita, pero lo que pasa es que hace falta el contexto histórico. Es decir, hay un leve repunte si se compara con hace 25 años o menos, pero no si se refiere a más, cuando Cahuita era un paraíso de arrecifes. Hacia allí es hacia donde debemos ir, y a todos les beneficiará que así sea, especialmente al turismo”, enfatizó Jiménez.
 

¿Es posible rescatarlos? A pesar de sus problemas, el arrecife coralino del Parque Nacional Cahuita continúa siendo uno de los más grandes del país, por lo que hay varias iniciativas trabajando con el fin recuperarlo.

Los científicos de la UCR están analizando cómo eran las condiciones del agua y del sitio cuando los arrecifes tenían salud, a fin de devolverles esas condiciones.

Para buscar estos parámetros, ellos analizan cuál es la cobertura de corales vivos que hay actualmente y la comparan con datos históricos, así como la composición química del esqueleto del coral y cuán rápido crecen.

Cada año, algunos corales crecen entre 8 y 10 milímetros y, por eso, al igual que ocurre con los troncos de los árboles, en la cantidad y calidad de sus capas se puede detectar su antigüedad y “calidad de vida”, es decir, cómo eran las condiciones ambientales cuando el coral crecía. Luego, compararán los datos con lo que se conoce de la historia ambiental de Cahuita.
 
A mediano plazo, también se tratará de realizar un análisis químico de algunos “corazones” (núcleos) de corales extraídos en la última expedición. Los corales analizados son de la especie conocida como “coral estrella” ( Siderastrea siderea ), que miden hasta dos metros de altura y pueden vivir por cientos de años. Por ello, son como la caja negra de un avión: registran muchos datos históricos valiosos.

En este estudio también participan Jorge Cortés, Jenaro Acuña y Eleazar Ruiz. Cortés ganó en 1982 el premio nacional de Ciencia y Tecnología Clodomiro Picado Twight por detectar una relación directa entre la sedimentación, producto de las actividades agrícolas, y el deterioro del arrecife de Cahuita.

El trabajo de Jiménez y colaboradores fue posible gracias al apoyo de funcionarios del Área de Conservación La Amistad-Caribe, la Asociación de Desarrollo de Cahuita, operarios de turismo y la Universidad de Costa Rica.



 
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