header image
Inicio arrow Temas arrow Agrobiodiversidad arrow Piña, La fruta de la discordia en Costa Rica
Piña, La fruta de la discordia en Costa Rica
jueves, 25 de septiembre de 2008
 Ernesto Ramírez SAN JOSÉ (DPA) - Todos los días, en las mesas de miles de hogares europeos y estadounidenses de seguro las familias disfrutan de una sabrosa y jugosa tajada de piña. Gran parte de esa fruta procede de Costa  Rica, una pequeña nación centroamericana donde en los últimos años la expansión de este cultivo convirtió al país en uno de los principales exportadores del mundo.
Lo que ignoran los consumidores norteamericanos y europeos es que esa "inocente" fruta tropical se ha convertido en el centro de una ácida disputa entre ambientalistas, comunidades rurales e instancias estatales y empresas fruteras.

Las organizaciones defensoras del medio ambiente aseguran que en el país se ha registrado, especialmente en los últimos diez años, una expansión de cultivos desenfrenada y casi sin control.
El resultado, alegan, está a la vista. Zonas que antes eran áreas de bosques quedaron reducidas a extensas plantaciones donde sólo se ven piñales y más piñales.

Según el Foro Emmaus, una organización que aglutina a numerosos grupos ecologistas de la zona norte costarricense, el cultivo piñero sin prácticas ambientales sostenibles erosiona los suelos y está contaminando ríos, riachuelos y mantos acuíferos.

La expansión piñera arrancó unos 20 años atrás en la zona sur. Pero ahora  el caribe costarricense está siendo invadido desde hace una década por  ese cultivo. Basta recorrer algunas zonas como San Carlos, Sarapiquí,  Guácimo, Guápiles y Siquirres, donde se pueden apreciar extensos  territorios piñeros en lo que antes fueron fincas ganaderas, de bosques naturales o dedicadas a otros tipos de agricultura.
La protesta de los ambientalistas crece cada día. Ya incluso opera un frente nacional de comunidades que afirman estar afectadas por el cultivo de la piña.

Un ejemplo del impacto del "fruto de la discordia" es la Perla, una diminuta comunidad rural de Guácimo, ubicada a unos 70 kilómetros al norte de San  José. Allí, los pobladores, apoyados por ecologistas, bloquearon en agosto durante una semana la vía que da acceso a una empresa dedicada al cultivo de piña.

Aunque han intentado el diálogo, las partes siguen enfrentadas. La empresa piñera dice que cuenta con todos los permisos de "viabilidad" para  operar, mientras los habitantes de la comarca exigen una "moratoria" al cultivo de la piña.

La disputa derivó en enfrentamientos de manifestantes con efectivos policiales y en acusaciones y contraacusaciones de presuntos sabotajes en la finca salpicada por la controversia.

No existen datos precisos, pero un frente sindical asegura que en el país la piña ocupa ya más de 40.000 hectáreas. Por otra parte, insiste en supuestas condiciones "deplorables" de los trabajadores del sector, con los consecuentes problemas de salud por extenuantes jornadas de trabajo y el uso de agroquímicos, así como el empleo, en condiciones inferiores, de inmigrantes nicaragüenses.

Una dirigente del Foro Emmaus narró como anécdota que en una ocasión la Ministra de Salud, María Luisa Ávila, durante una visita a una zona piñera, rechazó una invitación de una niña a beber un vaso de agua, pensando que estaba contaminada. La ministra, que admitió el hecho, dijo estar consciente de la necesidad de disminuir la concentración de algunos agroquímicos, en especial de herbicidas y aceleradores para la maduración  del fruto, que se emplean en muchas zonas del país.

En el caso de la zona norte, asegura que estudios de laboratorio determinaron que la concentración se redujo a índices menores que los que exige la Unión Europea para las importaciones costarricenses.

Pero los pobladores de la Perla no creen en las cifras oficiales. Además, dicen que los desechos almacenados por las cultivadores se convirtieron en foco de incubación de la "mosca", un insecto que ataca al ganado, y de malos olores.

Expertos y defensores del ambiente, como el catedrático universitario Freddy Pacheco y el biólogo Alexander Bonilla, han advertido de las consecuencias de la expansión piñera sin control en Costa Rica.

"Es tal la extensión de las áreas afectadas por la urbanización descontrolada, la deforestación devastadora, y los monocultivos representados en la agricultura de la piña, que no habrá tiempo ni de cuantificar la pérdida de la biodiversidad. La fragilidad de los ecosistemas se profundiza haciéndoles más vulnerables a los impactos", escribió
Pacheco.

Las exportaciones de piña en Costa Rica, según cifras oficiales, saltaron de 208 millones de dólares en el año 2003 a 485 millones de dólares en el  2007. En ese año existían 47 empresas dedicadas al cultivo y ahora operan  al menos 144, entre nacionales y transnacionales fruteras extranjeras.

Estados Unidos consume el 46 por ciento de la piña costarricense, y Europa  el 49 por ciento. Del mercado europeo, Holanda es el principal importador,  con 61,0 por ciento, seguido de Bélgica, con 43,3 por ciento y Alemania,  con 34,7 por ciento, Italia, 32,1 por ciento, Reino Unido (25,9 por ciento) y España (3,7 por ciento).

En otras palabras, el fruto de la controversia en Costa Rica recorre las  mesas de casi toda Europa.

La Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canaep) ha prometido a los grupos opuestos a la expansión piñera que promoverá mayores controles y manejo sostenible entre los productores.
Pero también repudió las acciones de fuerza empleadas por habitantes de la comunidad de la Perla y pidió al gobierno actuar con firmeza.

En un espacio pagado, dijo que alrededor de 1.200 pequeños y medianos productores "contribuyen al desarrollo del país". El sector piñero genera  24.000 empleos directos, añadió. Y defendió el cultivo de la fruta al argumentar que es un sector que lleva "desarrollo" al país.

"En la piñeras las jornada laborales superan 12 horas diarias, los trabajadores sufren serios problemas en la columna por la posición en que  desempeñan su labor, los salarios son bajos, se contrata mano de obra indocumentada", dijo Carlos Arguedas, líder sindical agrícola del país.

Los ecologistas dicen que el uso del "Bromacil", un agroquímico, contamina los acuíferos y los ríos y quebradas en las zonas piñeras.

"La expansión piñera sin control provoca desequilibrio biológico y daños ambientales y sociales", dijo Lourdes Brenes, del Foro Emaus.

Por su parte, la ministra Ávila si bien admite que la expansión piñera sin control tiene consecuencias, también criticó las posiciones extremas de  algunos defensores del ambiente.
"La salud humana está ligada con el ambiente, hay que buscar solución ambiental", pero "me gustaría que algunos ecologistas guardaran también su paquete (cajetilla) de tabaco, que es el que más mata" personas en el mundo, dijo Ávila a dpa.

Pese a las promesas de los sectores productores de favorecer un cambio en el sistema de producción, el conflicto con las comunidades afectadas y ambientalistas sigue latente.

Mientras tanto, la controversial piña costarricense sigue endulzando el paladar de miles de consumidores europeos y estadounidenses. En el exterior, los ecos de la disputa ya llegan a San José y hasta el grupo no gubernamental Oxfam ha criticado las condiciones laborales que a su juicio existen en algunos fincas piñeras de Costa Rica.

"Piña bendita, piña maldita", espetó un campesino de la Perla.





 
< Anterior   Siguiente >
Bloqueverde
Ingresar
Alianza de Redes Ambientales
banner.jpg
Municipios sin Transgénicos
mapainteractivo