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Los peligros del doble discurso: el caso carbono neutral
viernes, 19 de septiembre de 2008
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COECOCeiba AT El cambio climático es sin lugar a dudas la problemática ambiental más grave que sufre hoy en día la humanidad. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el tema (IPCC) ha señalado en su último informe que la  temperatura promedio de nuestro planeta  ya empezó a incrementarse y podría elevarse entre 3 y 6 grados centígrados durante el presente siglo si no se logran reducciones de emisiones  de Dióxido de Carbono (CO2) en el orden del 60-80%.
Sin embargo, pese a la gravedad del tema, los gobiernos y  las empresas a menudo lo abordan mediante el doble discurso. En vez de asumir con responsabilidad este desafío y promover  reducciones reales y concretas de emisiones mediante  la disminución del uso de combustibles fósiles se limitan a utilizar el juego de las compensaciones y mercados del carbono. Se mantienen de esta manera  los mismos  niveles de consumo  y producción de CO2 mientras se compran a manera de indulgencia o con intención publicitaria las reducciones que supuestamente otros han llevado a cabo.

Mas que reducir emisiones de su fuente, el Carbono Neutral enfatiza la compensación mediante el comercio de las emisiones. El problema es que a menudo los créditos de carbono ( un crédito es igual a  una tonelada de carbono que supuestamente se deja de emitir o se retira de la atmósfera) que se venden en los  mercados no son tan confiables, ni tienen la “calidad” y  los niveles de  permanencia para garantizar que el clima no continúe por  la ruta del calentamiento.

Uno de los esquemas de compensación utilizados, por ejemplo, está relacionado a la siembra de  arbolitos. En teoría los arbolitos crecen y fijan en su madera carbono que toman de la atmósfera. A menudo se dice que sembrar 2 hectáreas de bosque tropical compensa el carbono emitido  por  europeo promedio durante un año. Pero no se especifica que no es bosque lo que se siembra si no plantaciones de monocultivos de árboles que hacen uso de  grandes cantidades de insumos agropecuarios  y  destruyen la biodiversidad.  A menudo también se dice que  con $25 se financia la siembra de cinco arbolitos que compensan el carbón emitido durante un viaje en avión para llevar a cabo  turismo C-neutral. Pero nadie garantiza el futuro de los arbolitos, no se sabe si son árboles grandes que ya  fijaron el gas que se va a emitir o si por el contrario su siembra es apenas un proyecto; a menudo  ni siquiera se garantiza la sobrevivencia del primer año.  Mucho menos se informa si las compañías encargadas  de la siembra  desplazaron  campesinos o indígenas para sembrar esos arbolitos.

No se reflexiona  tampoco, sobre el hecho de que  las cuentas de carbono no son para nada exactas, que las estimaciones de fijación de CO2 por parte de una plantación de árboles posee niveles altos de incertidumbre por lo que las emisiones del viajero tienen también una alta probabilidad de continuar   flotando en la atmósfera.

En Costa Rica, la actual política oficial para enfrentar el Cambio Climático se limita al  discurso C-Neutral. Se publicita  la siembra de  5 millones de arbolitos durante el 2007, pero no se menciona que el 90 % fueron árboles de especies exóticos de crecimiento rápido que son sembrados por empresas como parte de su negocio regular. No se menciona tampoco que estos  arbolitos van a ser cortados mediante tala rasa en un lapso relativamente corto y que una buena parte serán aprovechados en la fabricación de tarimas utilizadas en la exportación de frutas. Estas tarimas por lo general se desechan a los pocos días,   liberando el carbono fijado. No es casual que la primera empresa en declararse C- Neutral fue justo una transnacional productora de fruta. La misma declaró que iba a neutralizar únicamente las emisiones producto del transporte terrestre de su fruta en Costa Rica mediante la compra de créditos de carbono  a la institución que justamente  subvenciona las plantaciones de arbolitos utilizados en la producción de  tarimas.

En el fondo nada cambia. Mientras los mercados de carbono han crecido exponencialmente alcanzando tasas de crecimiento de hasta el 300 % en los últimos años, generando intercambios por montos que alcanzan  varios cientos de millones de euros al año, las emisiones también han continuado creciendo exponencialmente  mientras las inversiones en la producción de combustibles fósiles han tenido  un incremento de un 70%,  llegando a los 340 millones de euros anuales   hacia la mitad de la década actual. En otras palabras, los mercados de carbono no nos están ayudando a disminuir nuestra dependencia a consumir combustibles fósiles.

Claro que conservar bosques  y sembrar árboles nos ayuda a paliar el Cambio Climático. Por supuesto que los países industrializados cargan con una deuda ecológica y climática para con el resto del mundo. Pero el mercado libre y voluntario no es la manera de saldar esa deuda ni de financiar la conservación de bosques. Se deben establecer, a nivel internacional,  cánones y regulaciones drásticas a la contaminación de la atmósfera. Se necesita crear, a partir de estos  cánones, fondos internacionales de fomento a la restauración y conservación de bosques cuya administración incluya la participación de  los pueblos indígenas y las comunidades relacionadas al bosque. Se requiere erradicar  también la íntima relación  que se ha gestado entre los gobiernos y las empresas del petróleo, del transporte y de la fabricación y comercialización de vehículos para empezar a fomentar políticas alternativas que nos desintoxiquen de los combustibles fósiles. Urge promover, tal y como lo señalan organizaciones ecologistas y campesinas en todo el mundo, la soberanía alimentaria sustentada en la parcela campesina ,  en sistemas agroforestales y  en mercados locales,  que reduzcan drásticamente las necesidades de transporte masivo de alimentos y de uso de agroquímicos que caracteriza la producción agropecuaria actual.

¡Hay mucho por hacer como para estar perdiendo el tiempo con el juego de las indulgencias climáticas y los mercados de carbono!; estos están atrasando los cambios estructurales que requieren las sociedades libres de combustibles fósiles y en el mejor de los casos    no son sino un paliativo que permite perpetuar por unos añitos más el devastador modelo actual de desarrollo.
 
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